Infierno

(Sólo para condenados)

Relatos variados


La Loca (final

Publicado el 31 de Marzo, 2008, 14:02. en Relatos variados.
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Más o menos ese era el escenario, ellos, los actores que diariamente representaban las rutinas del asilo; los demás, los considerados peligrosos o definitivamente descartados de toda posibilidad de curación se hallaban encerrados en sus celdas o eternamente sujetos a sus camisas de fuerza mientras los días pasaban, mientras la vida se agotaba. Así, y tal vez precisamente por eso, Jairo recurría a esas huidas del presente, siempre lo había hecho, desde que tiene memoria y nunca podría precisar en qué momento empezó a ser consciente de aquellos raptos. Quizás todo comenzó cuando llegó su hermano, o cuando su madre desaparecía al llegar el padre a casa, - ese sería un gran reto para cualquier psicoanalista – pero a él no le importaba saber cuando había empezado a escaparse y mucho menos los motivos que causaban esos raptos de la realidad, en el fondo de su alma estaba muy contento de ser así, lo consideraba una cualidad más que un defecto; allá los otros que desperdiciaban su tiempo tratando de averiguar los por qués del comportamiento humano, los que se enredaban en largas y tediosas teorías acerca del ser y del no ser, sin embargo, más idiotas eran aquellos que se gastaban su dinero sentándose en un sillón para contar sus cosas mientras el doctor dormita con la grabadora encendida y que a él no le viniera nadie a decir que el tal señor que se inventó el psicoanálisis había hecho algo positivo por la humanidad, todo lo contrario, entre más sabio es el ser humano, más refinado se vuelve para sembrar el mal.

Y no bien acababa de condenar a los sabios, Jairo tuvo un sobresalto, justo en frente a su ventana, en el pabellón de aislados le pareció ver la silueta de una mujer deslizándose tras los cristales del pasillo. ¿Sería la misma que en la mañana lo había traspasado? ¿La misma, cuyo recuerdo le mordía el hígado? Sin detenerse a pensarlo salió apresuradamente del despacho, bajó los escalones que lo separaban de la primera planta de tres en tres. En un abrir y cerrar de ojos se hallaba atravesando el jardín hasta alcanzar el edificio del frente. Sin embargo sus esfuerzos no fueron recompensados, por más que inspeccionó una a una las habitaciones, los pasillos, baños o cualquier recoveco del edificio, no pudo hallar a la mujer que lo había trastornado. Finalmente, cuando decidió darse por vencido, retomó sus pasos, volvió al despacho considerándose afortunado al no encontrarse con nadie en el parque ni en los pasillos interiores, una vez allí, buscó entre las gavetas los formularios exigidos por el centro para el ingreso de los pacientes y cuando los tuvo todos en regla se dispuso a llenarlos con los datos imprescindibles para que en la mañana, cuando el médico viniera a hacer la revisión obligatoria, no encontrara nada fuera de lugar en la admisión de aquella mujer madura.

En ello se entretuvo casi toda la tarde, una tarde de por sí bastante inútil porque su cerebro se negó a coordinar sus pensamientos, lo único que podía sacar en claro de aquel desbarajuste era que tenía que calmarse si quería poner en orden sus teorías acerca de la extraña mujer, pero, ¿cómo hacerlo? ¿Por dónde empezar? Y encima el tiempo corría en su contra, porque si alguien la encontraba primero, quien sabe en qué terminaría la historia de esa mujer madura que por la mañana entró en su vida sacudiéndole el polvo de tantos años perdidos.

Con la mirada perdida y las manos empapadas de sudor, Jairo se acercó a la ventana, como buscando que los árboles le dieran alguna pista, pero al cabo de unos minutos ellos seguían tan mudos e inertes como él mismo. Sacudió la cabeza, cerró los ojos fuertemente y decidió que debía empezar por algo, cualquier cosa era preferible a ese estado latente e improductivo; entonces volvió a la mitad de la habitación, miró en derredor y se decidió a examinar los expedientes de los pacientes; allí estaban archivados en perfecto orden alfabético, las letras separadoras lucían brillantes bajo la cubierta de plástico azul, en una secuencia metódica, ahí estaba toda una gaveta con los resúmenes de las vidas de los internos hasta la letra M, seguramente en el cajón inferior se hallaban los de la N hasta la Z, podría escoger cualquiera, así, al azar, como dejándose llevar por una fuerza extraña, que no era más que su miedo a enfrentarse a alguna actividad práctica, su mano bajó hasta la letra C y tomó el cuarto expediente. Una vez lo sacó del montón, notó un ligero alivio en su pecho y una sonrisa le iluminó el rostro. Por fin estaba haciendo algo. Lo acarició y sintió el frío del cartón sobre la palma de su mano, deslizó los dedos por el lomo de la carpeta, lentamente se fue a sentar en el escritorio, sin embargo, en un súbito impulso se decidió a coger unos cuantos expedientes más, por si ese no le servía de mucho. Con los brazos repletos de carpetas se dirigió de nuevo al escritorio, los alineó a su izquierda. Encendió la lámpara y abrió el primero que se ofreció a su vista: correspondía a un tal Carrasco López Jesús Alberto, varón, mayor de edad, nacido en Santa Fe de Bogotá, el día 18 de mayo de 1945 en el hospital de la Misericordia, hijo de Rafael Carrasco y Margarita López Trujillo, residentes en el barrio de... – No esto no me interesa pensó Jairo – debo buscar en su diagnóstico, a ver, debe estar por aquí – Sus manos temblorosas pasaban las páginas y en su afán por llegar a las correspondientes a los resúmenes de los médicos, dejaba sin observar muchas de ellas, por lo que tenía que volver a revisar una y otra vez mojando las yemas de sus dedos para pasar de una en una, hasta que finalmente logró llegar donde se hallaban formando una especie de subarchivo, los tan necesitados informes médicos. Octubre de 1960, - después de la fecha seguían los datos relativos al centro de salud de donde provenía Jesús Alberto y en letra enrevesada se podía deducir lo siguiente: "…a la fecha el paciente cuenta con quince años, se presenta acompañado de su madre, mujer de unos treinta años aproximadamente, aunque por su aspecto descuidado se podría pensar que tiene más edad, pero algo en sus ojos revela que no debe sobrepasar la treintena. Su manera de hablar es atropellada y repetitiva, contesta a las preguntas que le hago al paciente mientras que el chico mira hacía el frente sin inmutarse y sin pretender aclarar o explicar lo que la madre está relatando. Dice que Jesús Alberto siempre fue un niño muy bueno, algo callado y solitario, pero que nunca hizo ningún mal a nadie, hasta que empezó a salir con aquellos muchachos (se refiere al grupo con que salía el joven Jesús Alberto), entonces si empezó a hablar, hasta a bromear con sus hermanos y yo, imagínese doctor, estaba feliz porque por fin mi hijo empezaba a hacer lo que hacen todos los niños de su edad, salía, iban al cine, a paseos, a sus fiesticas, como todo el mundo hasta que de un momento a otro le dio por quemar cosas, al principio yo no le di importancia, veía como malgastaba los fósforos de la cocina, o como se quedaba mirando embobado mientras las hojas de algún cuaderno o periódico se quemaban y yo debí darme cuenta, yo sabía que ese brillo en los ojos no era normal, pero que quiere doctor, uno nunca se imagina... – en este punto Jairo alzó la vista hacía la ventana, a su mente le llegaban las imágenes de un chico quemando sus cuadernos, quizás en el patio de su casa, en la cocina y se preguntaba si encendería todos los fósforos al mismo tiempo o se tomaría su tiempo para irlos encendiendo uno a uno y si esperaría a que se apagaran, o se conformaba con el primer chispazo – pero no – se dijo – esta mujer, mi mujer y él mismo se extrañó al darse cuenta del término usado inconscientemente, "mi mujer", ella no era su mujer, al menos en el sentido familiar de esa frase, era su mujer desde el punto de vista ocasional que le habían brindado las circunstancias de hallarse él solo en la portería en el momento en que ella apareció como un ángel ante la puerta del manicomio, pero igual podría haber estado otra persona en su lugar y todo eso no le estaría pasando precisamente a él. Pero volviendo al expediente, era imposible que la enigmática mujer de esa mañana  pudiera ser la madre del pirómano, su mente se negaba a admitir tal teoría; sacudiendo la cabeza de un lado a otro, decidió volver al escritorio a tomar otro expediente. Sus manos se posaron sobre las carátulas, allí se leían nombres como Salgado Perea Ana Lucrecia, Santos Cuadrado Juan Carlos, nombres que no decían nada, que no anticipaban el destino que guardaban aquellas cartulinas, nombres compuestos, comunes y vulgares como rótulos de mercancía en un gran almacén. ¿Quién sería aquella Lucrecia? ¿De qué color serían sus ojos, su cabello, su piel? ¿Tendría su voz un tono dulce y suave o sería imperioso y dominante? O este Juan Carlos, bien podría ser un misántropo o un violador. Vidas, aquellos nombres eran los restos de unas vidas que tal vez no conocería nunca, y su mente jamás podría dibujar al menos un boceto borroso de esos rostros, de esos cuerpos que seguramente respondían a esos nombres Lucrecia, nombre antiguo, lleno de reminiscencias históricas, nombre de una mujer que talló su huella en la humanidad para bien o para mal, pero ahí estaba en las páginas de enciclopedias, en los tratados de los estudiosos y Juan Carlos, nombre de rey, nombre igualmente con sabor a rancio; nombres dispuestos para mi en una carpeta debidamente ordenada, pero quién era Jairo para penetrar de esa manera en sus vidas, ¿quién era él para tomar renglones de una vida y agruparlos en un párrafo de otra?

Jairo se levantó dejando los expedientes sobre el escritorio, los miró como de lejos y se quedó de pie en medio de la habitación pensando qué hacer. Pero las respuestas no llegaban, si al menos fumara, ese sería el momento de tomar un cigarrillo lentamente de la cajetilla, llevárselo a los labios y como al descuido sacar de su bolsillo el encendedor, frotarlo con sus manos, entonces el rostro se le iluminaría con una bonita luz rojiza que quedaría perfecta para un encuadre cinematográfico de alguna película de las llamadas de autor, que al provenir de un país subdesarrollado o en vía de desarrollo como la lástima había generalizado, ganaría un montón de premios en las salas sacras del séptimo arte, pero él no era actor de ninguna película de ese tipo, mucho menos director de cine, era un simple auxiliar de enfermería  que empezó haciendo prácticas en un hospital psiquiátrico y que por pereza o desidia se fue quedando allí, adoptando a los enfermos como a su familia y a los médicos y demás compañeros como sus hermanos de sangre. Ese era Jairo, pero también era ese otro que se quedaba pasmado en medio de una habitación pensando hacía donde  dirigir sus más ínfimos pasos o deseos y ahora tenía en sus manos una cosa grande, un algo enorme e insondable que le daba a su vida una segunda oportunidad, no sabía qué hacer.            Era como encontrarse en medio del desierto y de pronto, al atravesar una duna encontrarse con dos caminos igual de llanos, ¿cuál elegir? El lógico y sensato: decir la verdad y devolver a esa mujer al mundo exterior para que luego él pudiera tomarse tranquilamente el café con leche caliente, o sentarse en medio de sus amigos por las mañanas con la única preocupación de llenar anotaciones en las hojas de cada paciente, o por último enfrentarse a aquella mujer,  preguntarle, hablar con ella... y sin embargo una tercera vía se abría frente a sus plantas: Jairo podría ser un creador, un dios, podría perfectamente tomar de la nada ese cuerpo de mujer, darle un nombre, rotular una carátula de alguna carpeta limpia y empezar a llenarla de vida, si, es verdad, una vida imaginada pero ¿quién podría desmentirlo?. Nadie, porque sería su secreto.

 Gladys

 



La Loca (I)

Publicado el 30 de Marzo, 2008, 17:56. en Relatos variados.
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Disculpe señor, ¿usted trabaja aquí?

-       Si señora...

-       Entonces, ¡abra la puerta que yo me quedo!

-    Señora, señora, espere – gritó el enfermero mientras corría detrás de la mujer, al tiempo que sus ojos buscaban afanosamente a alguien que pudiera ayudarlo a detener a esa tromba de mujer que se iba adentrando por los pasillos del asilo y que no hacía caso de sus atropelladas palabras, que tan pronto eran razones lógicas del por qué ella no debía estar allí y por otro lado, su propia conciencia y sentido del deber que le reprochaban el haber sido tan insensato al abrir la puerta de esa manera tan infantil.

El sentimiento de inutilidad era demasiado abrumador, aquel remolino de faldas se escabullía de su alcance con una facilidad insultante hasta que la perdió de vista y se quedó en medio del pasillo con las manos a lo largo de su cuerpo, mirando al frente con la misma ausencia de expresión que los internos a su cuidado. En ese estado lo encontró Manuel, quien se aproximaba abstraído, leyendo unos informes médicos y de no ser por un reflejo inconsciente, hubiera chocado con él. Manuel lo sacudió, lo zarandeó hasta que poco a poco Jairo fue recobrando el sentido de la realidad, sin embargo no se atrevía a confesarle a su compañero que había sido arroyado por una mujer que exigía de buenas a primeras ser recluida dentro del establecimiento y que en esos precisos momentos estaría ya confundida con los enajenados del ala sur.

Manuel al notar la palidez que cubría el rostro de Jairo lo condujo suavemente hasta el consultorio del Doctor, lo acomodó en una silla y lo obligó a beber un poco de agua, al tiempo que lo interrogaba acerca de lo que le había sucedido.

-      No sé, balbuceó Jairo, fue una especie de mareo, pero creo que ya estoy bien. Si no le importa me voy a quedar un rato más y luego lo ayudo con los informes.

-       Hombre, por eso no se preocupe, repuso Manuel, lo importante es que se tranquilice; esos mareos no son nada buenos. ¿Sería que algo le sentó mal? ¿Qué comió?

-       El almuerzo del hospital. Debe ser más bien cansancio, esta semana ha sido dura. Menos mal que hoy es viernes.

-       Bueno, lo mejor sería que lo viera un médico, aunque fuera el doctor Agudelo, ya sé que es siquiatra, pero estudió medicina ¿o no?

-       Supongo que sí, pero creo que pediré una cita el lunes e iré al seguro.

-       Bueno, si necesita algo llámeme.

Mientras Manuel salía de la habitación, Jairo cerró los ojos fuertemente esperando que al abrirlos su situación en el hospital fuera la misma de siempre, con sus enfermos ya conocidos y sin ese peso extraño que le oprimía el estómago.

Jairo se llevó las palmas de las manos a los ojos y ayudó a sus párpados para que la oscuridad fuera total, sintió el frío de éstas, la humedad se le prendió a las pestañas, pero aunque su visión le negaba la luz, su cerebro iluminaba la escena como si la estuviera viviendo de nuevo: un atardecer rojizo, a lo lejos las montañas desdibujándose por los efectos de la luz solar, una luz que llegaba hasta ellas tamizada por una delgada cortina de nubes; un maravilloso escenario donde su espíritu bailaba totalmente desinhibido al compás de acordes celestiales, su cuerpo y su mente eran una sola materia fundida con los tonos del atardecer; aunque tenía la certeza de que la parte sólida de su cuerpo lo contemplaba tras el cristal de la puerta; entre esa parte sólida y el Jairo que bailaba en el horizonte, estaba el jardín que bordea el edificio principal del asilo con sus enormes eucaliptos de plata, la piedra menuda que rellena el tramo de calle derivada de la lejana carretera principal, y él, en su arrobamiento se atrevió a infringir las normas, decidió que un atardecer así debería oler a inmensidad, a cosas profundas, definitivas, por eso entreabrió la puerta dejando penetrar el olor de la tarde, para paliar un poco los humos a desinfectante del asilo, fue en ese momento, justo mientras aspiraba el olor a eucalipto, cuando de repente una mujer mayor, aunque no precisamente anciana, se le echó encima preguntándole si trabajaba ahí; lo que sucedió inmediatamente después pierde claridad en su mente, pues los recuerdos, sumados a las evocaciones dan a la realidad carices tan diversos que uno llega a dudar si alguna vez existieron.  Cómo saber si aquella mujer entró de verdad a la clínica dejándole en las fosas nasales un olor a jazmines, que le dibujaron en su mente un cementerio, cómo saber si ese escalofrío que recorrió sus entrañas fue provocado por el roce de esa piel y cómo además, poder estar seguro de que esos ojos no lo habían traspasado como un cuchillo caliente atraviesa la mantequilla. No, de eso estaba plenamente seguro, ya podrían cortarle la cabeza, someterlo a torturas, a humillaciones, a vejaciones de cualquier índole, nada lo haría cambiar de opinión, esa tarde había sido definitiva en su vida, por eso le daba miedo buscar a la mujer, esa presencia no merecía un desarrollo de acontecimientos tradicional, como llamar a los enfermeros, a los vigilantes, o a la policía y requisar vulgarmente cada centímetro del asilo hasta dar con ella para luego echarla de allí impunemente. Todas las cosas que nos suceden de forma inesperada e insólita deben desaparecer de la misma manera, es la única posibilidad de que la vida no se nos vuelva un trapo ajado entre las manos sudorosas; por eso no iba a avisar a nadie de la presencia de aquella mujer, se quedaría cumpliendo sus obligaciones de siempre, repitiendo el mismo rol que había desempeñado desde que empezó a trabajar en el asilo, no dejaría que nadie se diera cuenta del fundamental cambio que se había operado en su vida; sin embargo la buscaría, por supuesto que sí, la encontraría y ya vería lo que pasaría, siempre y cuando fuera a su manera. Con ese propósito salió del despacho, se dirigió al baño, quería comprobar si su rostro había cambiado, o si algo en su expresión delataba esas nuevas emociones que lo embargaban; con este propósito entró mirando receloso a lado y lado del pasillo, cerró pasando el pestillo, se acercó hasta el espejo, allí vio que su cara seguía siendo la misma, ahí estaban las pálidas mejillas, los ojos verdozos, las cejas pobladas, la misma dureza en la barbilla. Sí, no había cambiado, seguía  siendo el Jairo de siempre y así debía permanecer, por lo menos hasta la noche, cuando todos se fueran y él se quedara resguardando su territorio, por delante tenía más de ocho horas para determinar que camino seguir.

Salió del baño, se encaminó a la primera sala, revisó los historiales de cada enfermo, consultó los horarios de las medicinas, tomó la tensión a quien debía tomársela y de paso, disimuladamente examinaba los cuartos, abría los armarios, registraba los baños, mientras su voz daba explicaciones que nadie le había pedido; frases como: este baño necesita una buena mano de desinfectante, o le arreglo la cama, o déjeme alcanzarle las zapatillas, servían  de escudos para su búsqueda incógnita; los enfermos lo  miraban, algunos se sonreían, otros ni lo escuchaban, actuaban como siempre, pero Jairo veía en ellos sonrisas ladinas, miradas furtivas y un cierto aire de burla empezaba a molestarle pero no sabía muy bien como sacárselo de encima.

En ese recorrido por sus rutinas sanitarias se le fue lo que quedaba de la mañana y pronto oyó el silbato para almorzar. Un sudor frío empezó a recorrerle la espalda, una desazón en el estómago le impidió tragar la comida. Se excusó con sus compañeros alegando tener trabajo atrasado y se refugió en el despacho. Desde la ventana Jairo contemplaba el jardín sin verlo, su mente se había quedado congelada en un lugar inaccesible para su entendimiento, parecía como sí se le hubiera separado del cuerpo para  convertirse en un ente ajeno a su ser; no pensaba en nada, no recordaba nada, simplemente se había quedado rígido ante la ventana sin saber qué hacer, como si de un momento a otro hubiera aparecido en una tierra extraña donde nada de lo que le rodeaba tenía nombre, o recuerdo, u olor conocidos. Y, sin embargo la vida en el asilo transcurría ajena al estado cataléptico en que se encontraba Jairo, los enfermos iban y venían por el parque vigilados por Manuel, quien desde lejos no perdía de vista ninguno de sus movimientos. Algunos vagaban solos, cabizbajos contando los pasos sobre las lozas de los caminos laterales, otros avanzaban en grupo pero sin hablarse, eran como una manada de leones que busca la compañía de los de su casta para atravesar ciertos parajes de su territorio, y una vez salvada la dificultad, se separan sin decirse adiós, sin darse las gracias por esa especie de solidaridad de género,  cada cual sigue su camino sin siquiera recordar que hace apenas unos instantes había necesitado de los demás; otros, los menos jugaban o por lo menos aparentaban jugar  al ajedrez o al dominó, pero entre jugada y jugada podía pasar toda una eternidad, hasta que uno de los dos, quien menos paciencia tuviera se levantaba de la mesa protestando y haciendo saltar las fichas por los aires. (continuará)


Gladys



Entre una cosa y otra

Publicado el 28 de Enero, 2008, 13:11. en Relatos variados.
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Juan se sienta en el parque con su buena provisión de maíz para las palomas, tiene previsto estar allí hasta que oscurezca para volver a su casa, prepararse un bocadillo, ver el telediario y ponerse a leer hasta que los ojos se le cierren.

Lanza Un primer puñado y unas cien palomas se agrupan a su alrededor revoloteando, alguna rabiosa, más robusta o belicosa logra empujar a las otras, pero por lo general tiene la impresión de que todas prueban su maíz.

Como todos los días jugó a contarlas, sabía que era inútil, pero así se le pasaba el tiempo, empezó: uno, dos, tres… abstraído en su tarea logró llegar hasta cuarenta cuando una paloma levantó el vuelo y en vez de buscar algún maíz lejano fue a posarse sobre una mujer que se hallaba sentada frente a Juan.

Juan la miró, pero no se extrañó. En ella empezó a descubrir los ojos, las cejas, el dulce gesto de la boca, la pasión de esa mirada que parecía emanar vida a todo objeto donde se posaba. Era Lina Guzmán Pérez, la Lina de la universidad, de las noches enloquecidas por el alcohol y la salsa, la Lina de su noche de bodas, la Lina de sus treinta años de matrimonio, la Lina que había muerto hoy hacía un año.

Juan abandonó su banco, se acercó, posó una de sus manos sobre el muslo de Lina, hablaron, soñaron, volverían a ser una familia en cuanto se encontraran con sus hijos.

Ahora los dos abandonan el parque, van en busca de sus hijos,  se abrazan entre ellos, llegan hasta la puerta de su casa. Allí está toda la familia reunida, hijos, primos, hermanos, cuñados, vecinos y amigos, parece que hay un funeral.

  • Lina: Por qué no me lo dijiste antes.
  • Juan: Al principio quise hacerlo, pero luego, entre una cosa y otra lo dejé pasar.
  • Lina: Bueno, no te iba dejar solo en tu propio funeral. Pero antes, demos un recorrido por la casa. Tenemos tiempo antes de que mueran también nuestros hijos. Vamos.

 

Fueron a la habitación compartida, repasaron los objetos amados y conservados durante los años de matrimonio, el cenicero azul, el jarrón de cristal, los teveos que acompañaron la infancia de los hijos. Sobre la mesita de noche, el libro que no terminó de leer.

Lina se acercó a la ventana y le dijo a Juan:

  • ¡Ven a ver! – palmoteó Lina entusiasmada - Mira las hojas de las plantas, las copas de los árboles, los techos de las casas, la ciudad, el mundo entero está limpio, como nuevo… listo para ser estrenado.

No. – Dijo Juan – Esperemos a nuestros hijos.

 Gladys

 



KOAN testador

Publicado el 26 de Marzo, 2007, 15:31. en Relatos variados.
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Makai miró a su alrededor. Aproximadamente 600 personas hacían fila delante de él para entrar
a la cabina del KOAN-testador. Hizo un breve cálculo mental. Cinco minutos por persona, una
persona para cada una de las 25 cabinas del Centro de Juegos Neuroutopía, él estaría adentro
en casi una hora.

La espera parecía interminable, pero, de acuerdo a lo que le había dicho su padre, cada minuto
de espera valía la pena. Veinticinco personas más entraron a las cabinas. La fila avanzó. Sin
recordar que hoy era día de juego, y que, por ello, se cortaba todo tipo de transmisión o actividad
no relacionada al juego, Makai cerró sus ojos, trató de sintonizar las últimas noticias de la batalla
de Alfa-Centauri con su implante directo. Obtuvo ocho transmisiones de la final de Jai' alai, ocho
de baloncesto tetradimensional, un análisis del último partido entre Taurnatov y Allexein, los
campeones y eternos rivales de holo-ajedrez, una lectura de la condición defensiva del planeta, y
la imagen de un reloj que marcaba la hora. Cambió a otros canales, sin obtener mejores
resultados. Nada sobre la batalla contra los Nhia. Hoy era día par. Por ley, los ciudadanos se
debían dedicar entera y exclusivamente a jugar todo, desde dados, juegos con huesos y pelotas,
hasta cascos senso-simuladores que recreaban antiguas batallas de la vieja Tierra,
observándolos o participando en ellos- cada día par del mes. El no cumplir con la orden traía
consigo la pena de reclusión solitaria de una semana. Así había sido desde los primeros años de
la guerra entre los humanos y los Nhia, y así sería hasta su conclusión.

De algún lado de la ciudad vino un ruido estrepitoso que hizo que Makai abriera los ojos
repentinamente. Por un segundo, la gente pensó que finalmente las naves Nhia habían
encontrado la forma de romper las defensas planetarias de la Nueva Gaia y que estaban
procediendo a destruir el planeta sistemáticamente, como hicieron con todo el sistema Sol. La
fila casi comenzó a disolverse ante la incertidumbre.
Como si fueran un solo organismo, todos los habitantes de la zona sintonizaron al satélite con
sus implantes, para verificar si el planeta seguía realmente a salvo. Las lecturas eran normales.
Ninguna nave amenazaba a la nueva colonia. Además, de acuerdo al código del Nuevo Bushido,
los ataques planetarios violaban todos los reglamentos bélicos entre humanos y Nhia, y eran
fuertemente penalizados. Alguien en la fila murmuró que el ruido se debió a que el equipo de
casa finalmente anotó el punto de empate en la final del Jai´alai acuático. La fila recobró su
forma y, poco a poco, su tranquilidad.

Makai tenía hambre. No había comido en casi un día. Inmediatamente sintonizó un canal al azar.
Efectivamente, el equipo de casa había anotado un punto y estaba a punto de anotar otro más.
Sintió que alguien le tocaba el hombro, indicándole que la fila había avanzado una vez más.
Caminó hacia adelante, sin abrir los ojos. Todo pensamiento de comida quedó atrás.

El juego del Jai'alai lo absorbió tan completamente, que, cuando volvió a abrir los ojos, ya podía
distinguir a las azafatas de la puerta que se encargaban de guiar a los jugadores a las cabinas.


De seguro que su grupo sería el siguiente. Un frío recorrió su espalda mientras recordaba lo que
su padre le había dicho del KOAN-testador.
"Es el juego de todos los juegos. Tu rival es invencible, pero nunca es más de lo que eres tú.
Sabe lo que sabes, te conoce como tu propia sombra. Sus preguntas son las tuyas y tus
respuestas son sus laberintos. Nada de lo que te digo te puede preparar para lo que allí verás,
pues las palabras no alcanzan para abarcar tanto significado".
Su estómago se retorció, pero ya no era sólo hambre. Estaba nervioso. En el senso-simulador
del liceo, él había sido el mejor entre sus compañeros, obteniendo una anotación casi perfecta
en todos los escenarios bélicos y de razonamiento. Las ecuaciones cuánticas le parecían tan
aburridas como las simples combinaciones binarias que había hecho de niño. Entonces su
profesor le recomendó participar en el KOAN-testador.

Al principio, de lo que había leído en la interred, Makai no creyó que el KOAN-testador fuera la
gran maravilla que todos decían que era. Sus reglas eran sencillas. El jugador se conectaba al
KOAN-testador y éste le hacía preguntas que debía responder. Realmente se basaba en un
antiguo juego infantil de la primera Tierra en el sistema Sol, en el que dos contrincantes se
planteaban enigmas y adivinanzas mutuamente, ganando quien respondiese la mayor cantidad
de preguntas correctas. Este mismo principio se había utilizado en los juegos de segunda
generación, que eran impulsados por electricidad (Makai se rió ante la idea de tener que utilizar
cables metálicos y corriente eléctrica para algo), en los que los jugadores se podían enfrentar no
solamente contra otros rivales humanos, sino contra una máquina, que luego fue una
computadora (También a electricidad. ¿Cómo podían vivir así en ese entonces?, se preguntó
Makai).

Los juegos y las guerras actuales mantenían el mismo principio: oponente contra oponente, gana
el más apto. Pero, ¿qué pasaba cuando los rivales eran iguales en todos los sentidos? La
respuesta era simple: ocurría un empate. A pesar de ello, de acuerdo a Tzuoal, el gran filósofo
neocuántico del siglo pasado, en términos humanos, un verdadero empate era inexistente,
puesto que era imposible enfrentar a dos rivales humanos idénticos. Tarde o temprano, el cuerpo
y/o la mente de alguno de los contrincantes siempre debía ceder primero. Todo era cuestión de
tiempo.
Es más, si no fuera por el tiempo, el juego entre oponentes idénticos (si es que existieran), sería
infinito. Incluso Tzuoal llegó a enunciar que si dos fuerzas infinitamente poderosas e idénticas
entraran en colisión, el velo del tiempo se rasgaría, creándose así un vacío temporal, una nada
donde las leyes del tiempo serían negadas. O algo por el estilo. Lo cierto que las teorías de
Tzuoal a veces bordeaban en lo absurdo, motivo por el que los científicos las ignoraron casi
durante un siglo, hasta la invención del KOAN-testador.

Makai consultó la hora. En menos de cuatro minutos estaría dentro de la cabina KOAN,
enfrentándose a un rival único. Desconectó su implante, preparándose mentalmente para lo que
iba a venir. Se tocó el espacio justo encima de ambas orejas, donde su padre le dijo que le
pondrían los parches que conectarían los lóbulos de su cerebro a un neuroestimulador que se
encargaba de extraer e introducir información para utilizar durante la sesión.

Finalmente, le tocó el turno a su grupo. Makai y el resto de los jugadores ingresaron a la sala de
las cabinas. Todos se miraron entre sí, conscientes de que algunos tal vez no se volverían a ver.
Al menos no como antes. Makai recordó que una vez uno de sus compañeros del liceo dejó de
asistir luego de haber estado en una sesión del KOAN-testador. De acuerdo a algunos rumores,
el muchacho habría sufrido una descarga extrema de estímulo y quedado mudo, desaparecido
de la cabina o habría muerto misteriosamente. No se sabía con certeza. De lo único que Makai
estaba seguro era que, cuando su padre salió del KOAN-testador, nunca fue el mismo. No sabía
exactamente en qué había cambiado, pero lo podía sentir. Había un ligero olor a ozono en el
aire, una tensión que se respiraba como agua. Un guía lo llevó junto con el resto del grupo a una
cabina con dos puertas.


Mientras caminaban, se les explicaba cómo funcionaba el KOAN-testador. "Al inicio, algunos de
ustedes se sentirán incómodos con la privación sensorial. No se preocupen, es una condición
momentánea, e indispensable para tener una buena sesión. Ambos lóbulos cerebrales se
conectan al neuroestimulador, que se encarga de descifrar las señales de un lóbulo para
enviarlas al otro lóbulo, codificadas de manera entendible, a veces a manera de pregunta, a
veces no. Las cosas siempre son distintas para cada persona y nunca se les puede preguntar
algo que no saben, puesto que la fuente de todo acertijo es la mente de uno mismo. A medida
que uno va avanzando, los escenarios se pueden volver más complejos. Básicamente, es el
juego más avanzado de solitario que se puede desarrollar. ¿Alguna pregunta?". Makai levantó la
mano.

"¿Cuáles son las reglas?", preguntó. El guía sonrió levemente. Por un instante, Makai pensó ver
en su rostro una mirada distante, casi de contemplación, una mirada que muchas veces vio en
su padre después de que participó en una sesión KOAN. "Eso dependerá enteramente de ti", le
respondió el guía.

Uno a uno, los jugadores procedieron a tomar sus lugares en las cabinas, donde se sentaron en
sillones acolchados. Aunque confundido con la respuesta del guía, Makai decidió no preguntar
más. Sabía que la lógica del KOAN-testador era tan secreta e intrincada como la personalidad de
cada uno.

Cuando el guía conectó los parches a su cráneo, Makai estaba temblando.
De un momento a otro, las sensaciones físicas de Makai desaparecieron. De repente se
encontraba a oscuras, en el silencio más absoluto y total. La privación sensorial era uno de los
requisitos indispensables para poder concentrarse enteramente en el KOAN-testador. Oyó, sin
oír realmente, una especie de zumbido ininteligible. Mientras más enfocaba su atención en el
ruido, menos podía percibirlo. Sólo cuando se relajaba sentía que se hacía más fuerte. Poco a
poco, se dio cuenta de que era una voz. El juego había comenzado.

"¿Quién eres?". La voz provenía de la oscuridad. Makai dijo su nombre completo, edad, y todos
los datos que le parecieron relevantes.

"¿Qué sientes?". Makai respondió nuevamente. ¿Era el famoso KOAN nada más que esto?,
¿había esperado tanto tiempo en fila para que le hicieran preguntas de escuela básica a
oscuras?

Inmediatamente, la oscuridad retrocedió y Makai apareció en un aula de su escuela primaria. Se
miró a sí mismo y se dio cuenta que el tiempo había retrocedido. Ya no era el muchacho de 18
que alguna vez derrotó a todos sus compañeros en el liceo, sino un niño de cinco años. Frente a
él se hallaba el maestro Atys, el primer profesor que había tenido. Atys escribía una ecuación
matemática en una pizarra.

Makai levantó la mano y dijo: "32". Atys siguió escribiendo otra ecuación y respondió sin mirar a
Makai. "¿Qué es 32?"

-"La respuesta a su pregunta", respondió Makai.

-"¿Qué pregunta?", dijo Atys.

-"La que usted me hizo", devolvió Makai. Sólo entonces Atys dejó de escribir y se dio la vuelta
para mirarlo.

-"Yo no te hice pregunté alguna", dijo.


-"¿Entonces por qué escribe ecuaciones en la pizarra si no es para que yo las responda?" Makai
se hallaba confundido. Atys sonrió.

- "¿Quién te dijo que yo quería que las responda?"
-"¿Cuál sería el sentido de jugar si no es para responder al enigma?"

-"Entonces para qué hacer una pregunta que se va a responder de todas formas?", replicó Atys.
"Entonces, preguntar no sería más que una pérdida de tiempo, ¿no crees? Makai quedó mudo
un instante. Atys se dio la vuelta y continuó escribiendo en la pizarra.

-"Si no respondo, no gano", dijo Makai entre dientes.

-"Si ganas, dejas de jugar". Atys lo volvió a mirar, esta vez fijamente a los ojos. "Si dejas de
jugar, pierdes. Si vas a dejar de jugar, ¿para qué empezar?, ¿para qué ganar?"

-"El objetivo de todo juego es ganar", respondió Makai.

-"Una respuesta es tan buena como cualquiera." Atys cerró los ojos y desapareció. En ese
momento, la pizarra empezó a llenarse de ecuaciones y preguntas de todo tipo.
Automáticamente, Makai encontró que podía resolverlas con sólo mirarlas. Obtenía raíces
cuadradas e hipotenusas casi tan rápidamente como aparecían. Fechas y eventos históricos,
procesos químicos, todo lo que aprendió de los libros volvió a su mente como ráfagas de luz. Su
cuerpo se llenaba de adrenalina. Sentía que estaba ganando. Sin embargo, una sensación
inquietante se revolvía en su estómago. De rato en rato, tenía la impresión de que todas estas
pequeñas preguntas ocultaban algo más grande detrás de ellas, como si fueran un velo que se
hacía más espeso cada vez que se trataba de atravesarlo.

- Un pescador agarra 20 pescados con una red. Los lleva a la orilla. ¿Qué hace con la red
después de atraparlos?
Makai leyó la pregunta una vez y su mente se detuvo abruptamente. En ese instante de duda,
Makai sintió que el velo dejaba pasar un rayo de luz. Pero la pregunta no tenía sentido. No era lo
suficientemente importante como para contestarla, así que prosiguió leyendo y resolviendo las
demás preguntas de razonamiento lógico.

- Un cazador agarra un conejo con una trampa de hilo y palos. El conejo es café.
¿Qué hace el cazador con la trampa luego de atrapar el conejo café?

Nuevamente Makai se detuvo, confundido. Esta pregunta tampoco era importante y no entendía
por qué estaba entre los demás acertijos. La respuesta era igual que a la de la anterior pregunta
sin sentido, tan sencilla que ni siquiera merecía respuesta. Pero sabía que si no la respondía,
volvería a aparecer nuevamente e interrumpiría el juego.

- "Nada. El pescador y el cazador no hacen nada más con sus redes y trampas," respondió.
Esta vez, sintió que el cuarto y la pizarra, incluso él mismo empezaron a deshacerse.

El vértigo lo envolvió y tuvo que clavarse las uñas en las palmas de su mano para no
desvanecerse. Se sentía como un trapo que estaba siendo jalado por todos lados, y que
rehusaba a romperse. Debía seguir con las preguntas.


El vértigo pasó. Makai tomó un momento para recomponerse y proseguir con el juego. Las
preguntas y ecuaciones eran cada vez más abstractas, pero no tenía mucho problema en
resolverlas. Fue entonces cuando las preguntas dejaron de aparecer.

El silencio se apoderó del aula y lo invadió como un oscuro frío. El KOAN había sido derrotado.
No podía creer que hubiera sido tan fácil. Esperó, sabiendo que en momentos despertaría
nuevamente en la cabina. Siguió esperando.

El tiempo siguió pasando y no despertaba. Pudo observar cómo las paredes de la habitación se
desmoronaban lentamente, cómo la pizarra se volvía polvo. Makai se mantenía inmutable.
Pronto todo terminaría. Las respuestas ya habían sido dadas, sólo había que esperar.

La hierba penetró en la habitación, a través de las grietas entre los ladrillos. El techo se
derrumbó. Flores crecieron entre los pies de Makai, y Makai siguió esperando. Poco a poco, todo
rastro del aula desvaneció y él quedó al aire libre, rodeado de vegetación que crecía y moría.
Luego, la arena comenzó a cubrir las flores y las hierbas. Pronto, un desierto se formó a sus pies
y lo cubrió todo de arena. Makai siguió su espera. Observó el desierto, viendo cómo incluso los
granos de arena sucumbían ante el paso del tiempo. Tal vez, si esperaba lo suficiente, vería
cómo hasta el tiempo mismo desaparecería. Entonces, ¿qué tomaría su lugar?

- "32", dijo una voz
Ahora Makai flotaba en una oscuridad absoluta. El aula, el campo, el desierto e incluso el mundo
que lo sostenía ya habían sucumbido hace mucho tiempo, o tal vez hace segundos, no sabía.

-"32". En la oscuridad, Makai reconoció la voz. Atys había vuelto.

-"¿Qué es 32?" preguntó Makai.

-"La respuesta a tu pregunta," replicó Atys desde la oscuridad.

-"Yo no hice pregunta alguna".

Sintió una sonrisa en la oscuridad. Makai se dejó ir, libre al fin. Sintió que en algún lugar de este
espacio sin tiempo, un muchacho era retirado de una cabina. El muchacho no hablaba, pues las
palabras ya no le alcanzaban.

Su cuerpo no se movía, pues no tenía necesidad del cuerpo. Ya nada importaba, pues
ciertamente ya ni siquiera él mismo existía ya. El velo había sido roto. Él mismo había sido el
velo. Las liebres y los peces ya habían sido atrapados. Era tiempo de dejar las redes y las
trampas, de dejar las preguntas y sus respuestas. Era tiempo de seguir jugando.

A.S.I.

Dios Juega

Publicado el 10 de Diciembre, 2006, 18:58. en Relatos variados.
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Las últimas reformas habían dejado las arcas un tanto mermadas, y es que aunque la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, manipularla  había costado mucho trabajo y quebraderos de cabeza al Jefe. Demasiados cambios para una creación que iba a resultar sencilla en los planes originales. Pero ya se sabe que Dios propone y el Caos dispone, y tras unas carambolas universales de planetas, meteoritos y estrellas; al final la idea primitiva tuvo que sufrir una transformación sustancial, ralentizando al máximo sus planes. Harto ya de los desastres producidos y del tiempo empleado, el Ser Supremo decidió utilizar un pedacito de materia y emplearlo como “zona de pruebas” para su proyecto. Así que dejó que la vida se fuese desarrollando a su libre albedrío, pero las criaturas que allí estaban le parecían tontas y carentes de belleza. Decidiendo jugar de nuevo, provocando un caos parcial en ese pequeño laboratorio. Otra vez un parón, pero éste sería más breve, restaurándose más rápidamente los planes originales. Desarrolló y potenció la creación de una especie sobre las demás, dándole un modelado muy parecido a los  rasgos de su propia personalidad. Una vez hecho todo el trabajo, se dispuso a ver el proyecto que había creado.

 

Al principio todo iba muy bien, no en vano, la nueva especie se comportaba más como un animal, superior a los demás, pero animal al fin y al cabo, pero luego fue dándose cuenta de su propio potencial y comenzó a pensar por sí misma y a tener conciencia del poder real que tenía. En un momento dado aquello se le escapó de las manos al creador, y sin saber ni cómo ni porqué aquel laboratorio comenzó a tener vida propia, ajena a los propios intereses de su Creador. Fue cuando decidió enviar a mediadores, que lejos de resolver los problemas, lo que hicieron fue corregirlos y aumentarlos. Harto y cansado de  tanta insolencia, decidió crear un juego, cuyas normas serían tan sumamente confusas que nadie podría saber exactamente el funcionamiento de dicho entretenimiento.

El juego consistiría en crear confusión sobre un punto de realidad, para ello envió a un árbitro-mediador que era su ojito derecho, y que las malas lenguas decían que era su hijo, fruto del concubinato con una mujer de una casta muy baja, y de vida un tanto licenciosa, llamada María y que era una hermosa prostituta con la que todos los “grandes prohombres” del lugar habían tenido relaciones. Pero en cuanto el Gran Jefe le hizo la proposición de tener un hijo con ella, le faltó tiempo para decir que sí. Para María aquello fue una experiencia inolvidable, como recuerdo, su Amante le dejó un pájaro como señal de cariño y amistad. Este hecho fue recibido con gran recelo y rencor por parte de propios y extraños, tal fue el desagravio, que María tuvo que dejar su trabajo, refugiándose en casa de su padre, un humilde carpintero, que intentó protegerla, escondiéndola en un portal que estaba haciendo para un rico heredero de la ciudad de Belén. Tras un largo periodo de embarazo, con visitas esporádicas paternales, fue transcurriendo el tiempo, hasta que un 7 de diciembre, María tuvo un alumbramiento no excesivamente complicado. Y aunque se pueda pensar lo contrario, todo el mundo estaba con ella, su padre, el pájaro y por su puesto, Dios. Inmediatamente, después del alumbramiento el niño fue acomodado en una cama muy humilde, aunque confortable, rodeado de una burra, un buey, una perra y una serpiente. En cuanto todo estuvo a gusto del padre, abandonó el lugar, dejando al Ave (llamada Fénix) como observador de todo lo que ocurriese allí. Debiéndole avisar de cualquier incidencia. No tardó mucho en recorrer la noticia por todos los lugares, provocando en los dirigentes un cierto temor por verse amenazados por un nuevo contrincante que no tenían previsto, un bebé era su auténtica amenaza, mandando asesinar a todos los niños un 28 de diciembre. Dios, avisado de todos los acontecimientos, ideó un plan, pidiendo ayuda al Infierno (el encargado de los trabajos sucios del Jefe) para salvar la vida de su hijo, así pues cuando los guerreros quisieron entrar en aquel portal, fueron recibidos por un olor a azufre terrible y una bestia sanguinolenta que echaba fuego por la boca. Fue algo tan sumamente espectacular y monstruoso,  que no volvieron a pisar por allí en mucho tiempo. Aprovechando la situación, cambiaron de lugar, yéndose a una cabaña muy acogedora, desde allí comenzó la infancia de Yussuf Isto que con el tiempo fue degenerando en  Jesucristo. Realmente desde pequeño este ser se reveló como un inconformista que ponía patas arriba todas aquellas tradiciones que maltrataban a algún miembro de la comunidad, granjeándose grandes amigos y aún más enemigos. Por decirlo de una forma gráfica no dejaba a títere con cabeza, se reunió de un grupo muy estrecho de colaboradores, llamados discípulos, entre los que destacaba una hermosa mujer, que curiosamente se dedicaba a la prostitución, aunque lo hacía de una forma “temporal”. Su encuentro con Yussuf fue dramático. Ella estaba a punto de ser masacrada por una muchedumbre debido a que su pensamiento era demasiado elevado para la mente cerril de aquella época. Desde aquel entonces sus vidas se unieron para siempre, teniendo dos hijas  (Continuará...)

(Comunidad Infernal)



Cuento navideño

Publicado el 10 de Diciembre, 2006, 18:51. en Relatos variados.
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No se puede mostrar la imagen “http://www2.rincondelvago.com/ocio/reportajes/navidad/img/miedo.jpg” porque contiene errores.
El Infierno ha decidido celebrar las navidades a su manera, así que vamos a contar la historia real de esta fiesta que dura ya 2000 años (más o menos) Y para ello propone un juego. Leyendo el texto que a continuación se colgará, cada uno irá añadiendo un trocito más al cuento, siguiendo la línea del relato. Este cuento se acabará el 6 de enero. Animaos pecadores, esto está que arde

(Dirección Colegiada)


Esencia

Publicado el 31 de Agosto, 2006, 11:35. en Relatos variados.
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Miguel:            ¿Qué haces ahí sentada, si la fiesta está en la plaza?

 

Elisa:               (Sentada en un poyo en semioscuridad. Pensativa al tiempo que lleva el compás de la música de fondo) Pues estoy descansando y contemplando las estrellas. Siéntate y así las contemplamos juntos, si quieres o no tienes otra cosa mejor que hacer.

 

Miguel:            (Sorprendido por el ofrecimiento) Bueno, si a ti no te molesta que te interrumpa en tus pensamientos…

 

Elisa:                   ¿Molestarme? No seas tonto. Anda, ven aquí y siéntate. (Se hace a un lado y le deja sentarse en el poyo. Mirándole a los ojos) Bueno y dime… ¿cómo te lo estás pasando?

                   

Miguel:                Creo que esa pregunta  te la debería hacer yo. Lo estoy pasando bien, bailo, me divierto y esas cosas… Por cierto ¿quieres? (le ofrece un vaso con bebida) Es la bebida que a ti te gusta. Venga, anímate que estamos en fiestas y es verano.

 

Elisa:                No, gracias, no me apetece. Pero si quieres acompañarme a dar una vuelta hasta el valle…

 

Miguel:                (No dando crédito a la proposición de Elisa, su amor platónico del verano, desde la primera vez que se conocieron. Él,  de hijo una familia ganadera, que en otros tiempos fue la hacendada  del pueblo, y ella la hija de unos más que modestos hijos del pueblo,  que tuvieron que buscarse la vida, fuera de la tierra que les vio nacer. Hoy, la situación de una y otra familia era totalmente diferente, y era ahora la familia pobre quien había evolucionado social y económicamente, siendo la familia más respetada que veraneaba en el pueblo. Elisa por su atractivo, era además un bocado apetecible para las hormonas masculinas de todo adolescente. Y sucedía otra vez, el tiempo jugaba caprichosamente con el futuro de unos sencillos mortales.  Ironizando) Pues no lo sé… Entre una música maravillosa que no me gusta nada y la agradable compañía de una belleza… La verdad es que  lo estoy pensando.

 

Elisa:               (Siguiéndole el juego) Bueno, ha de elegir el caballero entre la princesa que por la mañana se convierte en calabaza, o el dinero.

 

Miguel:                ¡Hummm…! No sé, no sé... Bueno, me arriesgaré, me quedo con el dinero.

 

Elisa:               (Dándole un cachete en el hombro a Miguel) ¡Idiota! Pues si no quieres venir, me iré yo sola.

 

Miguel:                Bueno, vale… Estas chicas de hoy no saben aguantar una broma. (Le tiende la mano, ella la agarra con suavidad y juntos se alejan del bullicio lenta, pero decididamente, ante los ojos curiosos de los presentes. Sus pasos son cortos pero decididos, ambos han tomado una decisión y la llevarán hasta el final. Tras un silencio un tanto embarazoso, en la que ambas mentes van planificando sus respectivas estrategias, Elisa rompe el silencio con una conversación, quizás intranscendente) Siempre me han gustado las noches de verano. Este cielo despejado, esta atmósfera tan limpia, y una luna que se empeña en espiar los movimientos de cada uno de nosotros.

 

Miguel:            La luna, astro que ha confundido a más de un gran hombre que pretendía menospreciarla, y que el pueblo sencillo la ha tratado como si fuera de su familia, al menos hasta ahora. Pero claro, nada es como antes.

 

Elisa:               Sí, nada es como antes. Sentémonos aquí (indicándole un pequeño rincón  muy estratégico para sus planes. Miguel obedece inmediatamente. Los corazones comienzan a bombear pasión a marchas forzadas, produciéndose en ambos cuerpos una descarga de adrenalina que inunda el ambiente. Sus rostros  a inician un lento pero implacable avance hacia el frente. Poco a poco y a medida que el choque se prevé los ojos adivinan el encuentro y se van cerrando, como queriendo adivinar la trayectoria de quien se encuentra enfrente. Un roce apenas imperceptible se ha hecho presente en los labios de Elisa. Ambos se vuelven a apartar como sorprendidos de lo que se han atrevido a hacer. Se vuelven a mirar, preguntándose con la mirada si era eso lo que deseaban. No hubo mucho tiempo para responder este tipo de preguntas, el cuerpo de Elisa ya no admitía en ese momento tanta ansiedad y tomando la iniciativa se lanzó hacia los labios de Miguel. Sorprendido y halagado, recibió a corazón abierto las deliciosas caricias de Elisa, que a estas alturas se aferraba al cuerpo de su amado como un predador a su presa. La timidez inicial de Miguel se fue perdiendo, y en un minuto la guerra se desató, cobrándose sus primeras víctimas colaterales, la ropa de los amantes, que contemplaba inerte en el suelo el tremendo combate que estaban desarrollándose en aquel paraje solitario. Los suspiros, dieron paso a los gemidos, y éstos a pequeños gritos que escapaban de la conciencia de Elisa. Sus cuerpos se fundieron hasta convertirse en uno sólo y la pasión desbordaba por todos los poros de su piel. Si alguien hubiese estado espiando a la pareja, no habría podido soportar la pasión y el amor que ambos desbordaban. El tiempo no importaba, ni tampoco el descenso paulatino de la temperatura, tan sólo era su presencia, su amor. Un ligero sopor sorprendió a ambos cuerpos en su pasión quedando enlazados, retorcidos de amor. El amanecer les hizo volver a la realidad, Elisa fue la primera que despertó, acariciando el cuerpo desnudo de Miguel. Poco a poco las lágrimas fueron escapándose de sus ojos. Miguel fue despertado por los sollozos de su compañera.

 

Miguel:            (Sorprendido y tratando de consolarla la estrechó aún más contra su cuerpo. Con dulzura) ¿Qué le pasa a Mi Niña? ¿Te sientes mal por lo sucedido?

 

Elisa:                    No, cariño, para nada. Ni muchísimo menos. Si llego a saber que sería así, lo hubiese hecho mucho antes. Ha sido la mejor experiencia de mi vida, y deseo volver a repetirla las veces que sea necesario. No es por ti, ni tampoco por nosotros. Es por mí. Este momento me ha traído a la memoria muchos recuerdos. Como tú sabrás al nacer yo, mi madre entró en coma… Fue una especie de señal ¿sabes? es como si adivinase el personal sanitario la presencia de la muerte. El incidente fue provocado por la alergia repentina  a un medicamento. Los primeros auxilios tardaron en hacerse, permitiendo que mi madre entrase en un estado irreversible, al cumplir yo un año de vida, mi madre murió. Mi padre nunca volvió a ser el mismo, ellos estaban muy unidos, y mis abuelos junto con él me han criado hasta convertirme en lo que soy. Mi abuela, a la que nunca querré lo suficiente tomó una decisión que fue la de traerme desde bebé a este pueblo porque a mi madre le encantaba venir, se lo pasaba muy bien; tal vez fue su última voluntad, ver a su hija en este pueblo… Se llamaba Adela, tu padre a lo mejor la conoce. El caso es que fiesta tras fiesta, verano tras verano; mis abuelos me han traído aquí, pasando los mejores momentos de mi infancia, aunque mi padre era reacio a venir porque los recuerdos le dolían. ¿Sabes? Mi padre nunca se ha vuelto a casar y eso que ha tenido grandes oportunidades y amigas excelentes que le han querido con locura, pero nunca ha querido olvidar el vacío que dejó Adela. Todo su objetivo desde que murió su amor fue sacar a su hija adelante. Se centró en mí completamente, olvidándose muchas veces de su vida privada.

 

Miguel:             Debió ser una gran relación la que mantuvieron tus padres. Tu madre seguro que fue una grandísima mujer.

 

Elisa:                Mi abuela dice muchas veces: "Alejandro está enamorado hasta el tuétano de mi hija". Lo quiere como si fuese su propio hijo. Y yo soy su nieta preferida. ¿Sabes? Esto no se lo he dicho a nadie, pero a veces noto la presencia de mi madre… como piensa, como siente. Sobre todo cuando estoy en este lugar. Por eso nunca he dejado de venir y por eso nunca dejaré de hacerlo, sobre todo ahora que he conocido a la persona ideal. Te diré algo, Mi vida, (acariciándole el rostro) Hoy por fin he podido sentir realmente su esencia. (Miguel se acerca suavemente a ella y abrazándola, la besa suavemente)

 

 

 

Fin


Lumumba: La leyenda

Publicado el 4 de Mayo, 2006, 12:14. en Relatos variados.
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Lumumba el Filósofo


Encontraron, varios días después, tres de las ortodoncias en un contenedor de vidrio reciclado, y el servicio de urgencias del hospital más cercano se les hizo difícil extraer el falo monumental del orificio fecal del exaltado seguidor de ritos poco éticos. Dicen las malas lenguas que circulan por internet las radiografías del susodicho incidente; pero una cosa si es segura, el acólito cuando tiempo después salió del hospital cambió sus hábitos sexuales y ahora dicen que hace penitencia en el desierto del Sinai y que algunos le han visto dialogar con el diablo, el mismo que tentó a Cristo, y que Lucifer no termina de entender como puede haber cubanas tan bestias.

Del chofer nunca más se supo; dicen también las malas lenguas que Lumumba le certificó, con matasellos urgente, a las estepas de Machuria y que pena su pecado arrastrándose entre los tobas que allí florecen. Pero seguramente sean leyendas urbanas aunque nunca se sabe.

Para Lumumba aquél día significó un cambio cualitativo en su vida, al llegar a casa cogió el diario que alguna fans hortera le había regalado y comenzó a escribir los sentimientos que aquel luctuoso día habían pasado por su mente. Rellenó aquél diario y una decena más, cuando terminó de expresar todo lo que su alma venía albergando desde hacía tiempo se lo dio a su mayordomo para compartir tan inmenso peso con alguien. El mayordomo se suicidó, no porque los que allí estuviera escrito representara un peso difícil de soportar. Lo que se le hizo insostenible era la vacuidad de los pensamientos de Lumumba, no es que hubiera pensado jamás que dentro de la cabeza del sex simbol sexual hubiera algo más, lo que se le hizo insoportable de asimilar fue el verlo reflejado en una hoja de papel.

De esta manera se quedó Lumumba sin chofer y sin mayordomo de una tacada. Los participantes en el ágape sexual terminaron todos declarando delante de un juez poco dado a los dispendios morales. La cubana fue llevada en andas por todas las calles del Barrio Chino y ahora es adorada cual diosa egipcia por una asociación de lesbianas.

Lumumba como buen jefe portó el féretro del mayordomo hasta su morada final y arrojó, como era menester, la primera palada de tierra sobre el ataúd. A  un editor que andaba por allí tomando ideas para una novela undergraund  le pareció la escena magnífica para ser plasmada en su obra y ansioso de conocer más sobre la muerte del mayordomo agarró a Lumumba, que un poco cansado del ritual funerario, se fumaba un canuto sobre la tumba de al lado.  Ya fuera que el editor no estuviera muy convencido de sus dotes como escritor de relatos undergraund o que el nombre de Lumumba era archí conocido  y prometía le convenció para editar su diario.

Así, y no de ninguna otra manera, comenzó la carrera literaria de Lumumba.

Nunca pudo imaginar el editor cuán equivocado estaba, Lumumba carecía de toda entidad literaria, pero su propia historia, su visión de la vida, era un bombazo que bien explotado daría exultantes beneficios, como así fue.

Nuestro editor se encargó de pulir un poco al muchacho, con unas clases intensivas del idioma e inculcando el sistema de escritura oportuna, nuestro Lumumba comenzó a escribir  a escondidas, primero a horas intempestivas y cuando estaba enfurecido o deprimido,  poco a poco fue descubriendo su capacidad para contar historias. Notaba que se relajaba, e incluso una personalidad diferente a la que estaba acostumbrado a ver. Naturalmente no estamos poniendo a Lumumba como un magnífico escritor que cambió el rumbo de la historia literaria. Ni muchísimo menos, era un "contador" muy efectivo, que entusiasmaba a los lectores del pueblo, al "público infame" que tanto vulgariza a las obras de calidad, pero que sin él no podrían vivir los artistas.

          Debió cambiar su nombre, no estaba bien visto confundir el sexo con la escritura, aunque muchos "escritores" contemporáneos escribiesen con los genitales. El pseudónimo con el que firmaría sus historias sería Sadum. El editor lo aceptó, observó que tenía sonoridad y era sugerente. Una vez que se tenía la historia, el nombre y una gran editorial por detrás, se trataba de averiguar si sería conveniente o no el dar a conocer al escritor, o buscarse alguna manera de que permaneciese en el anonimato. Se decidió por ésta última, que aparte de dar más misterio al personaje, evitaba muchas preguntas malidicentes y agotar una figura limitada como la de Lumumba.

          El primer libro que salió a la luz, convirtiéndose pronto en un Best Sellers fue "Aventuras Salvajes" no podía ser de otra forma, en él se narraban sus aventuras y desventuras infantiles y juveniles en los parajes perdidos de aquella Sabana, tan alejada de este mundo "civilizado". En menos de 6 meses Sadum fue el nombre de moda en el mundo literario internacional, e incluso se llegó a hacer un guión para una película que sería interpretado por un actor afroamericano del "Star System"  (Bill Smith) Todo era muy paradójico y surrealista. Un actor porno, escribía su propia historia bajo pseudónimo, para que otro actor lo llevara a la gran plantalla. Lumumba estaba consiguiendo lo que nunca había conseguido nadie hasta ese momento, tener un triunfo total en el mundo artístico. Pero él continuaba ajeno a todo esto, realmente nunca le importó ser famoso, incluso no llegó a ser consciente de lo que realmente era.


Lumumba: La Leyenda

Publicado el 20 de Abril, 2006, 3:26. en Relatos variados.
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El día a día


Pero Lumumba no se desesperó durante mucho rato, en su introspectiva de tres al cuarto, las preocupaciones y sobre todo las sentimentales, no tenían lo que se puede decir mucha cabida. Aunque le quedó cierto regustillo amargo en el paladar y como sonó la sirena de vuelta al trabajo y dicho menester era el que era pues las penas de amor fueron menos con el desempeño de sus labores. Eso sí, aquel día cumplió como un jabato que quisiéramos que no el frenesí sexual no eran tan fácil de soslayar como el del  enamoramiento. 

Y en esos  menesteres y otros similares pasó un tiempo prudencial no falto de percances, la mayoría grotesco. Pero la carrera porno de Lumunba empezó a tomar un cariz oscurito cuando varias de las actrices con las que trabajó comenzaron a presentar demandas de paternidad. La productora estaba bastante perpleja, la verdad es que en alguna ocasión había sucedido que en el fragor de la filmación se había escapado alguna cosilla, pero todo se había arreglado con la actuación un médico.
Al principio no las hicieron mucho caso, pero cuando ya fueron casi todas las que se presentaban en las oficinas del estudio embarazos muchos ya muy avanzados se acojonaron. Lumumba no entendía muy bien a que venía tanto alboroto, total lo único que hacía era lo mismo que en su pueblo pero con cámaras y desde luego las mozas de su pueblo nunca se habían quejado aunque para ser sinceros todas ellas se habían casado rápidamente con el primero que se presentaba y todas ellas, a día de hoy, eran felices madres aunque algunos de los padres no tenían mucha apariencia de poder fecundar a lozanas mozas.  

Tampoco sirvió de mucho que le explicaran a Lumumba, demasiado tarde, que el sexo en aquel tipo de filmografía no era sexo de verdad. Que en el cine todo era ilusión. Lumumba tenía ciertas ideas preconcebidas sobre las relaciones amatorias y no se apeó de la borrica, por lo que la productora tuvo que advertir a las actrices de reparto que ellos no se hacían responsables de los “frutos” del trabajo todo ello en Arial   tamaño 4 al pie de los contratos. Pero lo que tenían entre manos ya no tenía remedio y optaron por montar una  guardería en el estudio y crear una beca de estudios para los daños colaterales de Lumumba.  La verdad es que los beneficios de la productora eran pingues al tiempo que les sirvió para desgravarse de Hacienda. Y es que los gastos en atrezzo de sus películas tampoco es que les evitara mucho de pagar al fisco.

Aunque hemos de ser sinceros y ajustarnos a la realidad porque Lumumba era lo que era pero como padre fue una excelencia. Muchos años después cuando en una ceremonia en honor a su progenitor se juntaron todos e intercambiaron vivencias comprobaron que aunque el genoma de imbecilidad era predominante en aquella rama de la familia también lo era el de la exuberancia sexual y el carisma ante la cámara. Vamos que Lumumba dejó para la eternidad una buena cantera de actores del género lo que evitó por muchos años que la serie X acabara por desaparecer por falta de especimenes aptos.

Todo eso además de dejar una herencia que mantuvo durante varias generaciones el  alto poder adquisitivo de todos ellos. Y tontos eran, pero como su padre, el concepto de la herencia era sagrado. Aunque tan solo uno de los descendientes tomó otro camino en la vida y acabó, como no era menos en la dinastía Lumumba, rigiendo el destino de todos los americanos durante una buena época, pero eso es otra historia.

Pero volvamos al momento en el que se destapó el “banco de semen” de Lumumba. Hubo una reunión a alto nivel entre los productores, entre los que se encontraba aquella Ejecutiva que ejercía de madre adoptiva del “Negrito Zumbón. Tras varias horas de cierta tensión, al final se llegó a la conclusión de que se podía sacar buen provecho de todo aquello. Puesto que todos tenían oscuros negocios: de tráfico de armas, de droga y trata de blancas. Y sin saberlo tenían una excusa perfecta para lavar todo el dinero, creando una fundación de niños de madres solteras llamado “Nana” (aunque en ambientes de las otras productoras se le llamaba la casa de los Hijos de Puta, más por motivos de envidia que por otro motivo profesional)  A través de esta Fundación lograron sostener sin ningún problema las necesidades de las madres-actrices, y tener beneficios que se reinvertían de nuevo en el negocio de la productora. Todo esto nadie lo sabía, excepto la productora llamada “Bajos Satisfechos”. Naturalmente tuvieron una reunión con Lumumba para hacerle constar las reglas del negocio, y que era obligatorio poner todos los medios necesarios para evitar ese tipo de situaciones un tanto desagradables. Nuestro Negrito lo intentó, pero ni había material que tapara semejante “armamento” ni tan siquiera se sentía cómodo. Así que, hubo una reunión con todas las chicas y se les expuso las cosas claramente, quien hiciese películas con él, tendría un plus de peligrosidad (naturalmente Lumumba tendría unos controles rigurosos cada cierto tiempo) pero merecía la pena por los excelentes rendimientos económicos que daba su fisiología para todos. Y las chicas estaban como locas por mantener sexo con él, jamás habían visto un miembro de 35 cms. en estado erecto y 8 cms. de grosor. Apenas ninguna lograba introducirse todo ese armamento en su cuerpo, tan sólo dos personas lograron “tragárselo” todo, una fue la reina de la tribu, origen de su status actual. Y Minerva, una afro americana preciosa con un cuerpo escultural, y que no era sólo capaz de recibir en su cuerpo  semejante “aparato”, si no que estaba total e irremediablemente enamorada de este cabeza loca, cuyo sentido de la vida era de lo más lúdico y primario. Poco a poco y curiosamente, fue conociendo y aprendiendo a entender la psicología de las mujeres (si es que alguna vez se puede saber cómo es una mujer) El siempre fue el preferido de todas ellas, y era tratado como el hermano-niño que hay que cuidar con mimo, pero también era el “salvaje” que las hacía gozar como ningún hombre podría hacerlo, haciéndolo de la forma más natural y sin ningún tipo de pretensión, sólo por pasárselo bien. Y encima les pagaban. 

La casa de Lumumba era una prolongación de su trabajo, y aunque era utilizada como el “Santuario del descanso del guerrero”, muchas veces llevaba “trabajo para casa” y allí empalmaba la noche con el día entre caricias y delicias de cuerpos ardientes y sedientos de algo más que de sexo. Su casa era su refugio más íntimo, se sentía muy seguro, rodeado de aquella decoración que verdaderamente le decía algo, elementos tribales definían perfectamente a Lumumba. Realmente era como una choza de su antiguo poblado que evocaba a la lejana  y a la vez cercana África. Entrar en su casa era como  sentirse en casa de tu familia. Esos olores tan intensos, los colores tan fuertes. Esa sensación de atracción mitad familiar, mitad sexual, era muy bien aprovechado por Lumumba, para dar continuación a su esencia brutal de pasión.

          Todo iba bien, hasta que un día, el chofer al llevarlo de nuevo a casa se desvió ligeramente de su camino, callejeando lo llevó hasta el barrio chino de la ciudad, allí cruzando calles en apariencia iguales, fue llevado a cierta velocidad hasta una tienda pequeña de animales. Allí paró y fue sacado con cierta violencia del coche e introducido en la tienda. Tras un breve saludo con el dueño de la tienda, el conductor y Lumumba se fueron perdiendo por un pasillo angosto y un tanto lúgubre, bajando por unas escaleras accedieron a una especie de santuario. Un olor a madera y a incienso se hacía presente en aquel lugar, unas doscientas personas se encontraban allí. Iban vestidos con trajes muy provocadores, por las formas eran hombres y mujeres. En el Altar dos símbolos entrelazados de madera de unos 5 metros de diámetro, eran los símbolos del hombre y la mujer, del interior salían 7 hierros que hacían antorchas coincidiendo en la intersección de la que salía una llamarada de fuego constante. Todos los integrantes llevaban antifaces muy provocadores que hacían necesario fijarse en ellos. Una figura femenina emergió del suelo del altar semidesnuda, era la sacerdotisa que oficiaba todos los actos de esa congregación, a su lado un par de ayudantes, unas mujeres más jóvenes cubiertas de una gasa muy sensual que dejaba translucir totalmente sus bellas y jóvenes formas. Tras una fuerte llamarada, comenzó el parlamento delirante de la sacerdotisa. Una supuesta declaración bienintencionada del porqué estaban allí y que no era, si no una retahíla de estupideces y ridículos argumentos para justificar una orgía de unos cuantos depravados sociales de una clase “elitista”. El chofer a la orden de la sacerdotisa, llevó a Lumumba hasta cerca del altar, allí fue desnudado con mucho esmero, las caricias sensuales de las dos ayudantes hicieron su trabajo, poniendo a tono el cuerpo de nuestro “Negrito Zumbón”. Desde el fondo apareció atada de pies y manos y totalmente desnuda, una virgen. No era difícil saber que era virgen, a sus pies reposaba un cartel que así lo atestiguaba.

La ceremonia llegaba a su cenit, supuestamente Lumumba debía de perpetrar en el cuerpo de la virgen el rito de la ruptura del himen al tiempo que la comparsa gritaba extasiada fomentando la brutalidad que requería la ceremonia demoníaca. Y aunque Lumumba no entendía muy bien tanta algarabía, al fin y al cabo era lo mismo que hacía a diario, se tumbó sobre la muchacha. La criatura gemía desconsolada y el hacedor de hijos putativos comenzó a sentir remordimientos.

No sabía cómo salir de aquel marronazo, por un lado no le parecía bien aquella situación pero un polvo intempestivo nunca era para despreciarlo. Y tomó el camino de en medio, simuló un tirón muscular y salió corriendo arrastrando una de sus piernas gimiendo de dolor. El auditorio se quedó anonadado, con lo bien que iba la cosa.

Según iba abandonando la sala de latrocinios sexuales agarró al chofer de la solapa de su flamante americana al tiempo que le arreaba cogotazos sin ningún miramiento. Cuanto más se revolvía el chofer más  fuerte arreaba Lumumba hasta que finalmente el conductor optó por no revolverse más y aceptar no sin cierta pena el marcharse con su pasajero por lo que pudiera pasar. Pasados los primeros momentos de estupefacción de los asistentes al ritual estos salieron corriendo detrás de ellos gritando desaforadamente y armados con todo lo que iban pillando a su paso, hubo incluso alguno que en su éxtasis vengador arrancó el falo de uno de los ídolos que ornamentaban la sala y corría esgrimiendo tamaña arma. Y tal era el ímpetu de este portador de penes sagrados que no se percató, en absoluto, que habiendo abandonado el recinto terminó corriendo en pelota picada por una de las calles más transitadas del mentado barrio chino. Sólo se detuvo cuando una fornida y oronda matriarca cubana, con sus poderosos brazos en jarras, se parapetó delante de él.

Ya fuera porque la cubana era fornida de más o porque la carreta en bolas del portador de falos le había dejado extenuado este se detuvo retador delante de la buena mujer. El hombrecito, que tampoco tenía una complexión física muy acusada, se acojonó pero como genio y figura hasta la sepultura era una de las premisas de la logia agarró con fuerza el falo redentor y se lo colocó donde supuestamente debía de estar el natural y comenzó a realizar gestos obscenos  a la cubana garbosa

 


 


Lumumba

Publicado el 6 de Abril, 2006, 13:10. en Relatos variados.
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EL SUEÑO AMERICANO

 

Nancy, esa Barbie con el pelo oxigenado había nacido en un estado perdido del centro de USA,más o menos entre Oklahoma y Cincinati aunque  ella nunca dijo exactamente de dónde era, y tampoco ahora viene mucho al caso…

 

Su verdadera historia comienza a los 14 años, cuando los canales de tv. por cable comienzan a surtir efecto en aquella adolescente, sobre todo los de moda, películas y belleza. Realmente su futuro comenzaría  a generarse allí, en esas horas “perdidas” frente al televisor. A los 16 años se apuntó al concurso de miss de su estado. Aunque había mucha competencia ella no se amilanó y decidió ir a por todas. Se informó de quiénes eran los que manejaban el cotarro e incluso llegó a hacerle determinado tipos de favores. Indudablemente no salió elegida, pero a cambio si hizo mejor carrera que la Miss de aquel año. Una productora de cine para adultos, de uno de los jueces, comprobó en persona sus “habilidades sociales” y allí comenzó su carrera fulgurante en el mundo del porno.

 

A los 24 años y harta ya de haber follado de todas las formas posibles ante las cámaras (nunca fue muy escrupulosa) y fuera de ellas , aceptó la proposición de un General con una vida personal un tanto escabrosa. Ambos sabían   que no era  amor verdadero como el de Srek y su Fiona,  lo suyo fue una sociedad en  simbiosis. Poco después se fueron a África, poniendo tierra de por medio al cine porno y a una investigación abierta al General por pederastia. Todo iba bien, pero tuvo que entrometerse Lumumba, y claro, contra la “leyenda” no hay plan posible.

 

El Negrito y la Rubia fueron arrestados en la habitación del Motel, que ya era mala suerte ir a parar al motel que el general utilizaba de plató para sus escarceos  con el mundo del celuloide ilegal. Lumumba fue a la cárcel y el General tuvo una bronca fenomenal con la Rubia, esta bronca se saldó con “la escapada” de la Rubia y de  Lumumba, que el General caritativamente  puso en libertad no sin antes ser amenazado por la propia con montar fenomenal escándalo en Wasintong. Su destino,  Beverly Hills para realizar una serie de películas porno. Aquello se prolongó  durante 3 años. Esta solución, con el tiempo,  no fue del agrado ni para la Rubia ni para el General, a su manera habían llegado a amarse, pero a Lumumba se le abría un mundo nuevo.

 

Como era de esperar el pelotazo de Lumumba (o deberíamos llamarlo falazo) hizo que su figura y “personalidad” subiera económicamente. De subproductos pornográficos de  3ª regional, pasó a multinacionales del porno, que emitían el mismo tipo de subproductos, pero con pingües capitales, los guionistas mantenían el mismo tipo de diálogos “¡Ahhhhh… Ohhhh… mmmm!!!”, pero eso sí, los genios de la “literatura cinematográfica” tenían renombre internacional. Pasó de ser el “Puto Negro de mierda” a “Señor Lumumba” y de viajar en metro a tener una limousine privada para él. Pero estas cosas las iremos desarrollando con más detenimiento.

 

          Fue un 13 y martes cuando al llegar al estudio de rodaje habitual, unos individuos le esperaban, entre ellos había una mujer de aspecto realmente atractivo y mirada devoradora, observaban atentamente la última escena del rodaje. Lumumba tuvo un día especialmente inspirado. La escena se fue tornando tórridamente erótica, tanto que la mujer que lo estaba viendo se excitó realmente. Después del rodaje, se reunieron todos los productores, de una y otra parte para firmar el contrato de cesión, aunque para ello pusieron una condición: La nueva productora debería “saber con total exactitud” lo que habían contratado. El resto de los presentes no entendían nada, compañeros incluidos. La exuberante ejecutiva, propuso que la prueba se llevara acabo en ese mismo momento eso sí, en un lugar lo más discreto posible.

 

          Lumumba fue avisado para tal efecto y llevado a una habitación camuflada del productor, desde donde tenía una vista privilegiada. Allí fue preparado convenientemente para su “examen físico”. La ejecutiva entró al cabo de un tiempo. El Negrito pensó que era una nueva película y comenzó su ritual engatusador, terminando en el catre de aquel lugar mostrando todo su potencial de una forma habitual es decir salvajemente y sin ningún reparo por ser oídos. La ejecutiva tuvo el mejor sexo en mucho tiempo, tal vez en su vida, desde aquel día Lumumba fue tratado como una joya de museo.

 

          El contrato fue firmado el mismo día y nuestro “pornostar” fue trasladado desde una casa modesta de las afueras de Beverly Hills al mismísimo centro, con lo cual hacía el mismo trayecto pero a la inversa. Si hasta entonces su casa la tenía fuera y su trabajo en el centro de la ciudad; ahora su casa era una lujosa mansión del centro (donde viven todas las estrellas del cine) y los estudios de rodaje estaban a las afueras. Unos grandes estudios preparados para este tipo de rodajes, Sexfilm era el nombre de la productora. Lumumba llegó a los estudios como una gran estrella, y entre comentarios (de excitación entre las mujeres y de envidia por parte de los hombres). Tras las presentaciones oportunas al plantel de compañeros y personal técnico, comenzó el trabajo duro. Los primeros días Lumumba estuvo abrumado por la cantidad de papeles legales que tuvo que firmar (realmente no sabía muy bien lo que firmaba, pero él lo hacía). Afortunadamente no se le engañaba más que a otros compañeros suyos de trabajo, y todo debido a un ángel protector (la productora ejecutiva  de mirada lacerante, cuyo nombre era Angeline)

 

          Durante aquellos días estuvo estudiando su primer guión en la nueva productora, en el que comenzaría a trabajar el lunes de la semana siguiente, al tiempo que observaba la forma de rodar; y en ese preciso momento fue cuando la descubrió. Fue como una aparición, de entre todos los maravillosos cuerpos moldeados por un artista encaprichado de la belleza, ella resaltaba. Cuerpo rojizo, melena larga y negro, ojos verdes, alta (1,80 cms.) de redondeces suaves y sensuales formas; se movía por el estudio como una auténtica diosa, sin prestar atención a la multitud de ojos que se clavaban ante su presencia, Liliana era su nombre. El Negrito quedaba extasiado ante tal presencia, en una de estas ensoñaciones en las que estaba Lumumba metido, el ayudante de guionistas le volvió a meter otra vez en la cruda realidad:

 

          -“Pisha aquí tiene’ tu mete-saca”

         

          Exacto, el ayudante de los guionistas era un andaluz socarrón que no se sabe muy bien cómo había llegado hasta allí, pero que formaba parte del entorno de una forma surealistamente normal.

 

          El primer día de trabajo fue todo novedoso, el chofer de Lumumba pasó a las 9 de la mañana a recogerlo por su casa. El Negrito estaba preparado y con cierta impaciencia, el hecho de participar en películas de “categoría A” le producía cierto vértigo. El chofer, un chino muy ceremonial y correcto, con una pinta de “gorila come-hombres” le indicó el camino hacia la Limusina, le abrió la puerta y se dirigieron a toda velocidad hacia los estudios. El Chino durante el viaje no dejaba de mirar de reojo la expresión de ansiedad de nuestro amigo Lumumba.

 

          Tras los oportunos permisos para entrar en el estudio, el Chino dejó en mano de unas azafatas a la nueva estrella, las cuáles lo llevaron hacia su camerino, que  desde aquel día sería su segunda casa. Una habitación con todas las comodidades posibles. Un equipo de personas, entre las que estaba la productora ejecutiva, lo recibió. La despampanante mujer hizo las presentaciones: una maquilladora coreana, una modista brasileña, un esteticienne inglés, una doctora rusa, una asistente francesa. Todas estas personas serían quiénes estarían cuidándole durante el tiempo que duraran los rodajes, naturalmente todos estos profesionales estaba rodeados de una corte de ayudantes. Es “stablisment” del porno se ponía en marcha para Lumumba.

 

          A las 11:00 H. estaba todo preparado para que el Negrito entrase en plató. Era una escena muy morbosa en la que una mujer se lo hacía con un vendedor de botijos en casa de ésta. La sorpresa de Lumumba fue increíble, allí estaba ella, la diosa. Liliana con una bata totalmente transparente, muy corta y sin nada debajo, lo esperaba  sentado en una pose muy sensual en un sofá de su casa.