Infierno

(Sólo para condenados)

"¡No me jodas, Martínez!"

Publicado el 30 de Octubre, 2008, 11:01. en Relatos variados.
Comentarios (3) | Referencias (0)

"¡No me jodas Martínez! has puesto en libertad al Gran estafador, y has dejado al pobre gitanillo de la cuarta galería en chirona. La has cagado de pleno…
Pero Martinez sabía muy bién por qué lo había hecho, aunque jamás confesaría ni bajo pena de muerte.

Martinez era un gris funcionario, que siempre había vivido entre las tristes paredes de aquella cárcel. En realidad había sido un preso más, puesto que su mundo se reducía a ese submundo de delincuentes y estafadores al cual se había acostumbrado y resignado. Hasta que un día llegó el Gran Estafador y le propuso un negocio al que no pudo resistirse.

El Sr. Orlando, un magnate con cierto tufillo a mangante le había propuesto obsequiarle con un chalé en la Manga del Mar Menor, a cambio de que le sacase de allí a la menor brevedad posible. Pero fiarse de un estafador, grande o pequeño, siempre es un grave error. Lo que no sabía Martinez, era el gran secreto que aquel chalé de la Manga del Mar Menor escondía.

Así que, luego de lograr sacar a Orlando gracias a un amigo juez, se fue a conocer su nueva casa. Una vez allí se admiró de la fastuosidad de su chalé, ahora sí que se daría la gran vida y lamentó no haber invitado a unos cuantos colegas.

La música inundaba el espacio, las voces de los cantaores enardecían el alma, y así, sudoroso y lleno de tierra como había llegado decidió entrar a su casa y averiguar que era aquel jolgorio. Al entrar al salón se asustó un poco, la verdad, no conocía a nadie, ni siquiera el cantante que famoso debía ser por el dominio del escenario. Se le acercó un camarero y le susurró:

¡qué! usted también cayó bajo el embrujo del novio del tal Falete.

 Martínez salió a la puerta a tomar un poco de fresco, todo aquello le sonaba un tanto extraño. Un vecino se le acercó, y luego de saludarlo con toda corrección le preguntó:



-¿Está usted pensando comprar este chalet? hace años que está deshabitado.- Martínez se quedó confundido
-Pero si ahora mismo están dando una fiesta que...
-¿Ahora mismo?- el vecino lo miraba extrañado
-Sí, venga, pase, vamos a tomarnos unos tragos.

Ambos entraron a la casa, pero ya no había ninguna fiesta, ni músicos, ni nada. Todo estaba silencioso, oscuro y polvoriento. Y es que, aquel extraño y fastuoso lugar, estaba reservado para aquéllos que caían en las manos del Gran Estafador, aquéllos que se dejaban llevar por la avaricia y vendían su alma al mejor postor.

Martínez no sabía si decirle al vecino que minutos antes el lugar era una fiesta. Pero rápidamente pensó mejor no hacerlo, ya que mientras se adentraban en el minutos antes suntuoso e iluminado salón, se dio cuenta al pasar por un espejo, que sólo veía la imagen del vecino, mientras que la suya no. Fue entonces cuando pronunció la frase con la que pasaría a la posteridad:

 "Estamos mal, pero menos mal que Estamos".

En ese momento el pitido del patio marcaba el final del "recreo libertario" en el Centro Penitenciario llamado "Libertad Segura", terminado el recreo, Martínez tuvo tiempo para reflexionar sobre su invisibilidad en el espejo de la casa fantasma. Decidió volver al día siguiente a intentar desvelar el misterio.

Colectivo Algo para Contar