Infierno

(Sólo para condenados)

“¿Y AHORA QUÉ?”

Publicado el 2 de Julio, 2008, 10:34. en Derivadas Humanas.
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Hace unos días, cuando me enteré de la noticia del robo de 15 cabras a un matrimonio de Mámoles, Edelio y Catalina, que han dedicado toda su vida a cuidar de ellas, como lo hubieran hecho de los hijos que Dios no les ha dado, decidí acercarme por allí, simplemente con la finalidad de dar, si era posible, un abrazo a esta pareja y de escucharles, no como periodista, sino como persona que no entiende por qué existen en este mundo desalmados que son incapaces de ver las consecuencias de sus acciones, o que si las ven, se regocijan con ellas.

Únicamente pude hablar un poco con Edelio, pues su mujer, según me contó, estaba enferma, en casa, parece que de gripe y quizá, aún, con el alma rota.

Llegaba cargado con un pequeño cubo de castañas y varios aperos, la espalda algo curvada por el peso de los años y puede que también por el dolor que aún guarda en su pecho, su mirada triste, casi transparente, apagada, gritaba más fuerte que las breves y suaves palabras que intercambiamos. De vez en cuando un ligero movimiento de cabeza demostraba que no comprendía por qué tenían que pasar por eso

En una noche, fría como los corazones de los ladrones, oscura como los propósitos de los que, con premeditación y alevosía, le "mangaron" sus cabras, y quizá, hasta fue una noche tranquila, como está ahora el terreno donde Edelio y Catalina guardaban una gran parte de su vida y de su sustento.

Y ahora ¿qué?

Ahora sólo pueden mirar al suelo para esconder esos ojos donde aún asoman las lágrimas, disimular la rabia que produce que, de golpe, uno o varios cobardes, te sesguen la vida, juntar las manos, vacías ya, a modo de plegaria, porque ya no volverán a utilizarlas para fabricar su propio queso. Y a esperar, esperar casi ya sin esperanza una llamada que les devuelva la alegría robada, las horas de trabajo y el futuro, sencillo, pero suyo, robado junto con sus cabras.


Me habla Edelio de ese queso que él mismo hacía, y que les ayudaba bastante a salir adelante durante todo el año, de lo entretenidos que estaban cuidando de sus cabras, de lo que le ha dicho la guardia civil y de un seguro, del que sabe que no percibirá nada porque así suele suceder, mientras nada ocurre, te cubren, pero cuando realmente lo necesitas... prácticamente todos se lavan las manos.


Casi de pasada me comenta que no tienen pensión, ni él, ni su mujer…Y me mira, sé que él también quiere preguntar "y ahora, ¿qué?, ¿cómo vamos a vivir?" pero se calla y una vez más mira al suelo, mientras recoge de él los aperos, en ningún momento ha soltado su cubo de castañas, los guarda en el corralillo que tiene y oigo murmullos salidos de lo más profundo de su ser, que no llego a entender, pero que me hacen sentir rabia, frustración y casi hasta odio hacia las personas que sin una pizca de valentía, de humanidad, aprovechan la oscuridad de la noche para robarle a un matrimonio mayor lo que ellos no desean lograr a través de su esfuerzo honrado.


Vuelve Edelio del corral, con su inseparable cubo de castañas, parece que está vez sí va a decir algo, pero tras una mirada más hacia el suelo, habla otra vez de su mujer y dice que se va a casa a cuidarla.


Y le veo alejarse por los caminos empedrados, con sus botas viejas, su mono de trabajo y su cubo de castañas, caminando despacio, encorvado, bajo el peso de su dolor y del cansancio.


entiyei