
Continuamos con las causas que han generando esta uniformidad de los vinos españoles, aunque también de fuera de España.
Daniel Gómez de Jiménez Landi lo explicaba muy bien en una conferencia en Vejer de la Frontera
En los años 60 y 70, coincidiendo con una pérdida de mano de obra en el campo, se introduce el herbicida como un producto milagro que evitaba el trabajo de la tierra, abaratando los costes de producción.
Pero el herbicida no mata sólo aquellas hierbas que vemos nosotros en la viña sino también a millones de microorganismo (hongos, microbios, bacterias) que forman parte del suelo, sin los cuales las raíces no se pueden alimentar.
Dichos microorganismos, además de hacer más rico el suelo, ayudan a
descomponer los minerales, haciéndolos asimilables para las raíces del
suelo.
Después de 5 ó 10 años de utilizar herbicidas los suelos estaban muertos y las viñas dejaron de crecer. Fue necesario recurrir a factores artificiales de crecimiento y aparecen en nuestros viñedos los abonos químicos y los fertilizantes.
Daniel Gómez lo resumía perfectamente Se había sustituido el crecimiento natural de los suelos por fertilizantes químicos. Primero nos cargamos el suelo y luego lo sustituimos.
Pero no era el único problema. Estos fertilizantes son sales que
hacen que la planta tenga necesidad de más agua para compensar la sal.
Por eso nos encontramos con uvas hinchadas de agua, que han perdido aromas y son mucho menos sabrosas.
Esta necesidad exagerada de agua provocó nuevos problemas, con un
desarrollo mayor de las enfermedades. Ya no sólo eran tratamientos que
se quedaban en las hojas, ahora eran necesarios los sistémicos, que media hora después de ser aplicados pasan a la savia y atacan definitivamente la enfermedad.
En palabras de Dani Esta savia es la que pone en relación a la viña con el sol
por medio de la fotosíntesis y, por consiguiente, con el vino, su gusto
y sus aromas. Nos encontramos con un vino químicamente modificado.
Su resumen es tan desolador como certero La calidad que no tiene la uva hay que conseguirla en la bodega.
Una vez más nos encontramos con un vino intervenido químicamente, con
un sabor y un aroma modificados que no responde al verdadero potencial
del viñedo del que proviene. Lejos han quedado ya los sutiles matices
que diferenciaban esa viña de cualquier otra o una añada de otra.
Tenemos ante nosotros un vino que puede ser incluso muy bueno pero que, desde luego, no es el reflejo del paisaje del que nació.
Ha perdido toda su identidad, tipicidad, y particularidad. Por lo
tanto, ha perdido también todo su interés. Es uno más dentro de otros
cientos de miles de buenos vinos que hay en el mundo y, dentro de los
cuales, nos costará encontrar diferencias importantes.
Todavía recuerdo esa conferencia que es la base de este texto y que
me produjo la emoción del poema, que expresa perfectamente lo que
siento.
A.S.I.
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