Su exuberante cuerpo serpenteaba tal que una
peligrosa serpiente, voluptuoso, se movía como una Diosa, sabedora de los
placeres que producía en el anhelante personal que no se atrevía casi ni a
respirar. De pronto, la Gran Voti
bajó al terreno de los mortales, y allí continúo incitando sus cuerpos,
hambrientos de pasar una memorable velada con la Maestra de la Pasión.
Se dirigió con sinuosa firmeza hacia el
lugar del hombre con aspecto adusto, comprobando una lujuriosa mirada, que
delataba ser el ganador y poderla tener entre sus brazos. Jugueteó con él haciéndole
crear que sería su plato principal esa noche, un candente pico en sus labios
fue todo lo que tuvo por respuesta. Siguiendo en ese baile aparentemente caótico,
fue deslizándose por las mesas, parándose ante un sorprendido
espectador que gozaba del incitante movimiento de Voti.
La pesca había terminado.
Jimul
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