Su verborrea y arrogancia en aquella vista estaba fuera de todo sentido común. El razonamiento y el humanismo se iba diluyendo en cada letra, cada palabra, cada frase que iban pronunciando ante el tribunal, aquel letrado-demandante, un individuo trajeado y bien parecido que ofrecía su aspecto más pulcro y sociable.
El juez y el fiscal, junto con los presentes, escuchaban atónitos las justificaciones pueriles y aberrantes de un fulano que ante todo valoraba su máquina que provocó el accidente y muerte de aquel ciclista, antes que la propia vida.
La Justicia fue rápida. Un infarto y posterior desplome del demandante, terminó con un pleito que nunca debió existir.
"Ojo por ojo" Fueron las palabras que el juez dicto en su Sentencia.
Inferno
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