|

Su amor
desmedido por las curvas y onduladas. Su pasión ardiente y su cuerpo joven no
dejaban lugar a dudas. Las hormonas corrían a tal velocidad que ni el mismísimo
cerebro podía controlar su destino, y al corazón le faltaba sangre para bombear
sus impulsos más animales.
Y allí
estaba ella, al acecho, mostrando su debilidad más sublime, preparada con la
red de sus más provocadores encantos; esperando el momento en el que el cazador
se acercara para causarle el más grandioso honor: Poseer el amor. Pero Hans no
calculó bien los peligros, cayendo en la trampa de aquella bella ninfa cuyo
sonido lo había enloquecido.
Jimul
|