Infierno

(Sólo para condenados)

César hasta el final

Publicado el 21 de Diciembre, 2007, 11:35. en Derivadas Humanas.
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         Anoche tonteaba en mi PC, cuando, como siempre, la de negro entró sin anunciarse. Se sentó cómodamente en mi sofá y me miró burlona. Yo no le devolví la mirada, tan agotada me tiene que ya ni me asusta, sólo me agobia hasta el infinito. Finalmente, harta de soportar su risa huesuda, me volví a ella y le dije (o lo pensé, aunque últimamente ya le hablo en voz alta):

-¿Y ahora qué querés? No hace falta que te sientes en mi sillón a burlarte, ya tengo bastante con aguantarte día y noche desde hace años.
        La de negro acarició su guadaña, se acomodó la capucha y miró hacia abajo.

-Hoy es distinto, traje a mi pequeña amiguita-
        Y, de la nada, surgió otra parca chiquita, que se sentó a su lado y también se rió, relamiéndose.

-¿Y esto qué significa? Ya estuvo bueno de idioteces, por hoy te soporté bastante, por qué no te vas al carajo, pedazo de…!
Fue todo muy rápido. Un vuelo fallido, el golpe hueco del hueso estrellándose contra el piso. Primero inconsciencia, luego revolcones de dolor. Esperé a que se calmara, no quería moverlo, pero iba empeorando, así que me erguí temblorosa y lo levanté con todo el cuidado que pude. Lo puse sobre un almohadón mullido y vi sus movimientos cortados, quebrados.
La pequeña parca se revolcaba de risa. Mi pequeño amiguito de dolor. Finalmente se quedó quieto, inmóvil. Las dos de negro aullaban sus carcajadas infernales a coro. Y no resistí más.
Huí despavorida a mi pieza y me arrojé sobre la cama. Me arrollé en posición fetal abrazada a una almohada. Gemí e hice todos esos ruidos raros que me salen cuando intento llorar ¿Qué otra cosa podía hacer a las tres de la mañana? Las urgencias son para humanos, perros y gatos. Y ni él ni yo encajamos en ninguna de esas categorías.
Mi pequeño amiguito, el único ser que me quiere en este mundo, además de la que me trajo a él.
Al menos hubiera querido algo rápido para él, pero no, tiene que ser de la forma difícil, de la forma despiadada, como siempre lo fue conmigo.
Sé que hay una tercera, bien oculta en la habitación de mi madre, pero a esa intento ignorarla, me supera.
Ahora lucho contra la pequeña rata mientras la grande pasa su guadaña filosa por mis ojos, por mi estómago, por mis cabellos, haciéndolos caer sobre el teclado mientras escribo estas letras. Sé que es difícil que pueda con la pequeña, apenas puedo ya con la grande, la mía. Las dos llevan las de ganar.

Nofret