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Confundieron los ideales de la humanidad con los intereses
de unos pocos. Fueron los cachorros perfectos de aquéllos sanguinarios
oportunistas voraces de poder y sedientos de sangre.
Sus mentes
débiles se intoxicaban convenientemente con un discurso pueril y simplista. Sus
manos, se entrenaban para bañarse de sangre. La borrachera de horror y
destrucción les precedía, convirtiéndose en especialistas de la masacre y la
perversión.
Hoy acaban
de probar su propia medicina, una masa viscosa acaba de desparramarse por un
frío suelo, en un ambiente gélido. Una bala certera puso fin a una carrera
imparable de depravación sin límites.
Jimul
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