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Desde el
comienzo de su vida tenía claro que debía ser actor. Su olor a “tablas” y
bambalinas, impregnaba cada poro de su piel. Su gran escuela fue la Tierra que pisaba; su
maestro, el Teatro y las lecciones, cada
uno de los parlamentos o diálogos de cada una de las vidas de aquellos
personajes, atormentados por sus
problemas, felices por su dicha. Nunca fue mediocre, pero sí sencillo.
Sólo los
que son como él conocen la naturaleza del ser humano, por que tuvo todos los
sentimientos en sus manos y sabía los
límites a los que puede llegar la raza
humana.
Pero el
tiempo no perdona y pone a todos en su sitio, esa fue la última lección que
aprendió, pero era demasiado tarde para salir airoso del exámen. El también es
mortal.
Jimul
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