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Los pies encima de la mesa y esa mirada de autosuficiencia, demostraban el poder que tenía en ese cuarto. Un mando con teclas de colores y unas gafas caídas a la mitad de las narices, le daban un aire de enfant terrible.
- Menuda mierda de ataque, con estos medios es que no se puede, y encima me dan este equipamiento… ¡Joder! Si es que cuando estoy a punto de cargarme los puntos débiles del enemigo, hay algo que falla. ¡Mierda, mierda, mierdaaaaaaaaaaaaaaaa!
Una voz se oye a lo lejos:
- ¡¡¡Joshua!!! ¡Deja en paz la consola y vamos a comer. ¡Ah! Y si no dejas de decir palabrotas, te voy a meter un brazo por una manga!
Ah, y no se te ocurra hurgar las narices y buscar tesoros, que luego los demás nos encontramos cosas que no son nuestras.
Restregándose los mocos con la manga derecha de su jersey nuevo, miró la máquina desafiante. Desenchufándola.
Jimul
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