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A Nofret, una gran amiga que está llena de añoranza
Su temible
enfermedad, unida a su fortaleza humana, despistó el baúl de los recuerdos de
su memoria, afectando los cimientos de su fortaleza.
Fue aquel
día caluroso de noviembre, cuando en una rutinaria visita por los mares de
Internet, un cortocircuito volvió a llevarla a los viejos tiempos en los que
correteaba y hacía bellos castillos en el aire, sobre qué sería de mayor.
Una lágrima
rodó por su mejilla, no podía evitar enfurecerse por lo que la vida le había
dado, poco
tiempo.
Un paseo
hacia ninguna parte, la llevó inconscientemente hasta su escuela, allí
reconoció a una antigua profesora suya. Se saludaron, rieron, lloraron,
recordaron; pero sobre todo nació una nueva relación, la de dos adultos que
hablan en igualdad de condiciones, después 20 años. Decidieron que debían
revivir aquellos tiempos, y para ello comenzaron a reunirse y a hablar, como
terapia para aplastar la terrible enfermedad de la añoranza que las iba consumiendo poco a poco.
En una de
estas reuniones decidieron escribir un diario de recuerdos como remedio para
terminar con esa temible enfermedad que consume poco a poco. Sus reuniones se
fueron haciendo necesarias, al tiempo que el Diario comenzaba a crecer.
Hoy es 31
de diciembre, han pasado dos años, desde ese primer encuentro, un nuevo libro
ha triunfado, lo leen en todas las partes del mundo, y no es una novela, ni un
libro de ciencias, ni otro best seller al uso. Es un libro de sentimientos: Desván sin
vendas, una mujer hace la presentación oficial del libro, al lado
una silla vacía, un micrófono y un libro
puesto en pie.
El acto se
desarrolla con gran emoción y silencio, añoranza y memoria se han equilibrado.
Jimul
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