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Era un día
corriente, por la mañana pululaban las togas, los uniformes de la policía y los
presos, imparables por las estancias de aquel vetusto edificio dedicado a
impartir justicia.
La sala 2ª
de lo Penal, estaba siendo visitada mucho últimamente, hoy el responsable de
impartir Justicia era un juez cuya fama de conservador y con tendencias
racistas, debía de revisar los casos presentados para ese día.
Uno de
ellos era el de una mujer joven acusada de matar a su marido, del cual recibía
constantes palizas. En pleno proceso de la exposición por parte de la abogada
defensora del caso, el juez decidió dar por concluido el caso sin oír a la
parte acusada. La abogada, indignada comenzó a discutir con el juez, y éste,
perdiendo toda justicia, sacó su pene y marcó el estrado donde estaba ubicado
con su orina.
El fiscal,
harto ya de las payasadas del juez, ordenó la detención por parte de los
policías presentes en la sala, pidiendo excusas a la abogada y a la acusada por
el comportamiento de “Su Señoría”.
Indignado
el juez por la decisión del fiscal, intentó zafarse de la policía, aplicándoles
éstos sin ningún tipo de miramiento la fuerza necesaria para reducirlo.
La Justicia, había
sido impartida.
Infierno
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