Infierno

(Sólo para condenados)

GRACIAS Y DESGRACIAS DEL OJO DEL CULO (I)

Publicado el 28 de Octubre, 2007, 12:44. en Derivadas Humanas.
Referencias (0)

.http://www.igooh.com.ar/ImgsNotas/7856.jpg


Quien tanto se precia de servidor de vuesa merced, ¿qué le podrá ofrecer sino
cosas del culo? Aunque vuesa merced le tiene tal, que nos lo puede prestar a todos. Si
este tratado le pareciere de entretenimiento, léale y pásele muy despacio y a raíz del
paladar. Si le pareciere sucio, límpiese con él, y béseme muy apretadamente. De mi
celda, etcétera.
No se espantarán de que el culo sea tan desgraciado los que supieren que todas
las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna de ser despreciadas de ella,
y él en particular por tener más imperio y veneración que los demás miembros del cuerpo;
mirado bien es el más perfecto y bien colocado dél, y más favorecido de la naturaleza,
pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco como ella.
Su sitio es en medio como el del sol; su tacto es blando: tiene un solo ojo, por lo cual
algunos le han querido llamar tuerto, y si bien miramos, por esto debe ser alabado, pues
se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver. El no
tener más de un ojo es falta de amor poderoso, fuera de que el ojo del culo por su mucha
gravedad y autoridad no consiente niña; y bien mirado es más de ver que los ojos de la
cara, que aunque no es tan claro tiene más hechura. Si no, miren los de la cara, sin una
labor, tan llanos que no tienen primor alguno, como el ojo del culo, de pliegues lleno y de
molduras, repulgo y dobladillos, y con una ceja que puede ser cola de algún matalote, o
barba de letrado o médico. Y así, como cosa tan necesaria, preciosa y hermosa, lo
traemos tan guardado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de
nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos, envainado en unos
gregüescos, abahado en una capa, y por eso se dijo: "Bésame donde no me da el sol". Y
no los de la cara, que no hay paja que no los haga caballeriza, ni polvo que no los
enturbie, ni relámpago que no los ciegue, ni palo que no los tape, ni caída que no los
atormente, ni mal ni tristeza que no los enternezca. Lléguense al reverendo ojo del culo,
que se deja tratar y manosear tan familiarmente de toda basura y elemento ni más ni
menos; demás de que hablaremos que es más necesario el ojo del culo solo que los de la
cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin ojo del culo ni pasar ni vivir.
Lo otro sábese que ha habido muchos filósofos y anacoretas que, para vivir en
castidad, se sacaban los ojos de la cara, porque comúnmente ellos y los buenos cristianos
los llaman ventanas del alma, por donde ella bebe el veneno de los vicios. Por ellos hay
enamorados, incestos, estupros, muertes, adulterios, iras y robos. Pero ¿cuándo por el
pacífico y virtuoso ojo del culo hubo escándalo en el mundo, inquietud ni guerra? ¿Cuándo,
por él, ningún cristiano no aprendió oraciones, anduvo con sinfonía, se arrimó a báculo ni
siguió a otro, como se ve cada día por falta de los de la cara, que expuestos a toda
ventisca e inclemencia, de leer, de fornicar, de una purga, de una sangría, le dejan a un
cristiano a buenas noches? Pruébenle al ojo del culo que ha muerto muchachos, caballos,
perros, etc.; que ha marchitado hierbas y flores, como lo hacen los de la cara, mirando lo
ponzoñosos que son: por lo que dicen que hay mal de ojo. ¿Cuándo se habrá visto que por

1 Pseudónimo que adoptaba D. Francisco de Quevedo y Villegas

ser testigo de vista hayan ahorcado a nadie por él, como por los de la cara, que con decir
que lo vieron forman sus calumnias los escribanos? Fuera de que el ojo del culo es uno y
tan absoluto su poder, que puede más que los de la cara juntos. ¿Cuándo se ha visto que
en las irregularidades se metan con el ojo del culo?
Lo otro, su vecindad, es sin comparación mejor, pues anda siempre, en hombres y
mujeres, vecino de los miembros genitales; y así se prueba que es bueno, según aquel
refrán: Dime con quien andas, te diré quien eres. El se acredita mejor con la vecindad y
compañía que tiene que no los ojos de la cara, que éstos son vecinos de los piojos y caspa
de la cabeza y de la cera de los oídos, cosa que dice claro la ventaja que les hace el
serenísimo ojo, del culo. Y si queremos subtilizar más esta consideración, veremos que en
los ojos de la cara suele haber por mil leves accidentes, telillas, cataratas, nubes y otros
muchos males; mas en el del culo nunca hubo nubes, que siempre está raso y sereno; que,
cuando mucho, suele atronar, y eso es cosa de risa y pasatiempo. Pues decir que no es
miembro que da gusto a las gentes, pregúnteselo a uno que con gana desbucha, que él
dirá lo que el común proverbio, que, para encarecer, que quería a uno sobremanera, dijo:
"Más te quiero que a una buena gana de cagar". Y el otro portugués, que adelantó más
esta materia, dijo: "Que no había en el mundo gusto como el cagar si tuviera besos."
Pues ¿qué diremos si probamos este punto con texto del filósofo que dijo:
No hay contento en esta vida
que se pueda comparar
al contento que es cagar.
Otro dijo lo descansado que quedaba el cuerpo después de haber cagado:
No hay gusto más descansado
que después de haber cagado.
Los nombres que tiene juzgarán que no tiene misterio. ¡Bueno es eso! Dícese
trasero, porque lleva como sirvientes todos los miembros del cuerpo delante de sí, y tiene
sobre ellos particular señorío. Culo, voz tan bien compuesta que lleva tras sí la boca del
que le nombra. Y ha habido quien le ha pueto nombre gravísimo y latino llamándole
antífonas y nalgas, por ser dos; otros, más propiamente, le llaman asentaderas; algunos,
trancaílo, y no he podido ajustar por muchos libros que he revuelto para sacar la
etimología; lo más que he hallado es que se debe decir tancahigo, por lo arrugado y
pasado que siempre está.
Con más facilidad topé por qué se decía al lindo ojo del culo "manojo de llaves":
por lo redondo del cabo y muchas molduras que hacen aquel mismo repulgo, y viene bien
con los que llaman cofre al culo, que es darle cerradura.; y en los animales vemos que la
Naturaleza les cubre el culo con la cola o rabo, para que como parte más necesaria y
secreta, estuviera acompañado tapado y abrigado, y con mosqueador para de verano, y en
las aves lo mismo. Si miramos su ocupación, es hacer lo que ninguno nunca hizo ni pudo:
pues en este mundo todos hemos menester a otros para ser proveídos: el alguacil al
corregidor, el corregidor al oidor, el oidor al presidente, el presidente al rey. Pero el culo
se provee a sí mismo y aún en el presidente, servidor por otro nombre (que así llaman al
bacín), cosa equívoca a los derretidos de las damas.
El culo no tiene cosa común, ni aunque me pruebes que hace cámaras, a imitación
de otros muchos, pues lo que él hace son mojones, que son fin de términos, para dar a
entender que en llegando al culo no has de pasar adelante.
Háceme fuerza que en las almonedas dicen: "¿Hay quien puje?"; que ni sé si
convidan a cagar (propiamente entonces pujar) o si a comprar; con que es cierto que
tiene grandes preeminencias, cuando se valen de sus voces para otras cosas. Hasta los
excrementos o mierda (pasa adelante, porque no te empalagues con tan dulce plato) son
de provecho, pues según defienden los doctores galenistas y boticarios droguistas, son
buenos para desligar Cárdeno y Alberto los del lagarto para los ojos; los de bestias, que
llaman estiércol, es con lo que se fertilizan los campos, y a quien debemos los frutos; la
del gato de Algalia, no hay que probar ni examinar cuánto es su valor y estimación; la
mierda del buey, o boñiga, para inmensos remedios es provechosa. Esto probado y
asentado, ¿habrá curioso alguno que diga que los ojos de la cara tienen alguna virtud?
Luego el ojo del culo, él por sí solo, es mejor y de más provecho que los ojos de la cara.
Lo que dicen del culo (los que tienen ojeriza con él) es que pee y caga, cosa que no
hacen los ojos de la cara; y no advierten lo cuitados que más y peor cagan los ojos de la
cara y peen que no el del culo, pues en ellos no hay sueño que no lo caguen en cantidad
de legañas, ni pesadilla o susto que no meen en abundancia de lágrimas, y esto sin ser de
provecho, como lo que echa el culo, como ya queda probado.
Lo del pedo es verdad, que no lo sueltan los ojos; pero se ha de advertir que el
pedo antes hace al trasero digno de laudatoria que indigno de ella. Y, para prueba desta
verdad, digo que de suyo es cosa alegre, pues donde quiera que se suelta anda la risa y la
chacota, y se hunde la casa, poniendo los inocentes sus manos en figura de arrancarse las
narices, y mirándose unos a otros, como matachines. Es tan importante su expulsión para
la salud, que en soltarle está el tenerla. Y así, mandan los doctores que no les detengan, y
por esto Claudio César, emperador romano, promulgó un edicto mandando a todos, pena
de la vida, que (aunque estuviesen comiendo con él) no detuviesen el pedo, conociendo lo
importante que era para la salud. Otros dijeron que lo había hecho por particular respeto
que se debe al señor ojo del culo.
Pues decir que no es bullicioso un pedo, ¡bueno es eso! ¿Hay cosa de más gusto que
ver en un concurso grande, si se suelta uno, el rumor que mete y qué agudos acuden todos
a taparse las narices, como está dicho, y otros que más lo huelen, haciendo la disimulada
toman tabaco?
Y es probable que llega a tanto el valor de un pedo, que es prueba de amor; pues
hasta que dos se han peído en la cama, no tengo por acertado el amancebamiento;
tambien declara amistad, pues los señores no cagan ni se peen, sino delante de los de
casa y amigos. Y un portugués preguntado cuál era la parte principal del cuerpo dijo que
el culo, que se asentaba primero que nadie y aunque fuese delante del rey.
Los nombres del pedo son varios: cuál le llama "soltó un preso", haciendo al culo
alcaide; otros dicen: "fuésele una pluma", como si el culo estuviera pelando perdices;
otros dicen: "tómate ese tostón", como si el culo fuera garbanzal. Otros dicen algo crítico:
"cuesco", derivado de la enigma; y otros han dicho: "Entre peña y peña el alba, río que
suena". De aquí se levantó aquel refrán que dice: "Entre dos peñas feroces, un fraile daba
voces". Y finalmente, dijo el otro: "El señor don Argamasilla cuando sale chilla".
Baste ya de probanzas de la nobleza del señor don Pedo y pase por ahora plaza de
don caballero que porque no digan me revuelco demasiado no le acoto con otros muchos
lugares y autoridades.

Francisco de Quevedo y Villegas