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Los rodeos eran ridículos, las
justificaciones, absurdas. Todo era una salsa de zafiedad y villanía, decorada con siluetas anoréxicas
de inteligencia. Focos y guiones mediocres se empeñaban en pertenecer a los
grandes acontecimientos históricos.
Al tiempo el pueblo se revolvía entre la
ingratitud, y la pobreza.
Inferno
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