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Estupidez, incompetencia, altanería, estulticia y soberbia capacidad de aquellos prohombres, cuyos pensamientos erráticos producidos por la embriaguez del gran Dios del Becerro de Oro, conducían a la muchedumbre al delirio de la degeneración y la tontería, produciendo eruditos mediocres. Oscurecidas las dosis de sabiduría e inteligencia, huyeron despavoridas, terminando por emigrar hacia tiempos mejores.
Olas de rencor y analfabetismo campaban por sus anchas en aquella época decadente, cuyos máximos pensamientos eran egoístas y traidores.
La agonía de una civilización se presentaba cruenta y muy larga.
Inferno
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