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Su cuerpo fue descubierto por un
guarda forestal, tras la tremenda tormenta que había descargado en ese pequeño
pueblo de la meseta norte. Algo que ni los viejos del lugar recordaban. Cuando
se acercó al cuerpo, pudo comprobar que estaba prácticamente intacto, pese a
que el terreno había sufrido las heridas del agua. El cobijo de la encina y un
montón de huellas de animales, tal vez hubiesen cuidado del cuerpo, que por
otro lado, tenía la herida minúscula de un rayo que lo había atravesado de lado
a lado.
La noticia corrió por el pueblo a
la velocidad de la luz, su funeral fue seguido por miles de personas, lo más
curioso es que no era nadie famoso, ni rico, mucho menos una “fuerza viva”.
Sencillamente era Prudencio, el Gran Cazador, que contaba historias a los niños
de sus andanzas y daba consejos a los cazadores de cómo se debía cuidar una
reserva de caza.
La última parte de la Historia reciente de ese
lugar se había ido para siempre, aunque el recuerdo permanecería en la mente de
la Gran Historia
de aquella pequeña localidad, perdida entre montañas…
Jimul
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