Era algo demasiado deseable para cualquiera, esas piernas torneadas, las caderas pronunciadas, los pezones muy desafiantes, la gruta recóndita y húmeda. La vida comenzaba a tener sentido, todo ese tupido entramado de relaciones que con tanto trabajo había dedicado toda mi vida, daba sus frutos.
Tus encantos al fin se rindieron a mi humilde cuerpo. Mi pasión provocó la erupción tan anhelada en ti y que habías estado esperando toda tu vida. La perdición nos perseguiría más allá de nuestra muerte
Infierno
|