
El sueño se
truncó en una terrible pesadilla, las turbulentas y bravas aguas de un mar
enfurecido arrastraron los cuerpos de aquella barcaza entre olas salvajes que
no respetaban ningún tipo de vida, ajena al mundo marino.
Un barco
rescató a los cuerpos, incluído el que había sido cobrado como tributo al mundo
acuático. Pensaron, creyeron que sus súplicas habían dado resultado, y estaban
salvados. Nada de eso sucedió, los gobernantes mercadearon con su infortunio,
importándoles muy poco el sufrimiento y la frustración de sus almas.
Tras una
bochornosa y rocambolesca negociación, fueron devueltos a la ciudad de la Esclavitud, de la cual
habían salido con un deseo de prosperidad y seguridad.
Una vez
más, la pobreza, esa enfermedad tan poco recomendable, volvía a ser una
epidemia.
Jimul
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