|

Allí estaba
ella con su cara de niña sorprendida, pertrechada con su bolígrafo, su block de
notas de doble anilla y una grabadora. No en vano sería la entrevista de su
vida. Cuando lo redactase y se lo presentase a su jefe de Noticias, procaría la
revolución en el noticiario de su país y del resto del mundo.
Pero para
ello debía de estar muy atenta a todo lo que sucedía en la entrevista, tanto a
las palabras pronunciadas por la figura a entrevistar, como a la decoración que
las rodeaba. Y qué decir de la invitada, cualquier compañero de profesión
hubiese dado su vida por hacerla. Entrevistar a la Muerte no merecía menos.
¿Era eso lo que quería? Mientras tanto la entrevista se iba desarrollando con
total normalidad, hasta que llegó LA PREGUNTA.
Un sudor
frío la despertó, miró al reloj, aún quedaba una hora para comenzar el día. Se
puso las zapatillas y caminando aún entre un sudor frío llegó al cuarto de
baño, se desnudó con cierta intranquilidad y se metió en la ducha. El agua
caliente la tranquilizó hasta convencerla de que todo había sido una pesadilla,
muy real, pero pesadilla al fin y al cabo. Tras ponerse el albornoz, fue hacia
el espejo, lo limpió con su manga derecha y allí estaba el siguiente mensaje:
“Aún te
quedan muchas entrevistados a los que preguntar”.
Infierno
|