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Un sudor frío recorre su frente. Su mirada de miedo, de pavor, le hace temblar. Sus músculos están contraídos y las neuronas transmiten la información a una velocidad que haría palidecer a la de la luz.
Su esfínter por el contrario se ha relajado provocando la invasión en la ropa de sus desechos intestinales.
"¿Te gusta esta situación?", susurra la mujer agarrando con fuerza el arma. Semidesnuda y con graves magulladuras en el cuerpo, mira con ira y desprecio a su torturador y violador, cómo se va desmoronando poquito a poquito. Con la pistola de gran calibre en su mano, se la coloca con cierto regodeo en el entrecejo sentenciando: "Nos vemos en el Infierno".
Un olor a muerte se apoderó de la habitación.
Infierno
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