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Su ilusión siempre fue
tener una casita propia al lado del mar. Habían vivido de alquiler en un mini piso
de la ciudad. Poco a poco y con gran esfuerzo habían conseguido reunir una suma
medianamente importante para poder cumplir su sueño.
Una oportunidad se había
presentado, el anuncio de la venta de una casa en primera línea de playa. Tras
hablarlo detenidamente, decidieron cometer la locura de comprarlo.
Una semana tardaron en
hacerse con él. Aquel lunes de primero de mayo se fueron a limpiar y adecentar
el piso para entrar en él. Su entrada como propietarios estuvo rodeada de un
ritual casi mágico. Una vez dentro, se comenzó la limpieza. Unos guantes, unos
cubos, y todo un pack de productos de limpieza eran los protagonistas del
comienzo de su sueño. Tras un buen repaso por parte de la casa, ahora tocaba un
rincón que no había descubierto hasta ahora. Su mal olor era muy intenso.
El decidió ir al coche a
por su linterna, mientras ella quedaba de guardia en semioscuridad, volviendo
al lugar con la luz de una linterna, encontraron las puertas estrechas de un
armario, de una altura mediana, él, con cierto temor avanzó su mano derecha
hasta el pomo del armario, tirándolo de él. Sus rostros no pudieron quedar más
paralizados. Un cuerpo en avanzado estado de descomposición era descubierto,
como si de un juego macabro se tratase.
Equipo policial y judicial
invadió toda la humilde morada de de la pareja feliz, cuyo sueño se había
vuelto de nuevo imposible.
Inferno
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