
Camino por una
zona de la ciudad bastante oscura, no se ven coches, no hay luz
pública, pasa a lo lejos un taxi, le hago la señal. No me recoge. Tengo
miedo. Se acerca una pareja. Voy llegando hasta ellos con la esperanza
de que me protejan, camino a su lado. La pareja desaparece. Fondo
negro. Me robaron todo. Vuelve
la luz y estoy ante una pared antigua, ¿siglo XIII? Tengo en mi mano un
garrote de hierro. Golpeo un ídolo con toda mi rabia. El ídolo se
desmorona, en vez de tierra cae agua. Camino
un poco, en una pared lateral hay dos fuentes de agua, deseo que el
agua se desborde como una catarata y lo hace anegando al ídolo. Ahora
estoy en la calle, en mi ciudad, en la acera queda la esencia de la
pareja que me robó, en su lugar encuentro los cuerpos de dos mendigos
durmiendo a la intemperie. Me acerco y una fuerza nueva me nace en el
pecho. Soy
una ganster de pelis viejas, mi voz sale ronca y poderosa de la
garganta. Ellos tienen miedo. Mi voz resuena en la ciudad, mi cara debe
estar roja y me siento ridícula, pero ellos se aterran ante mí. Yo
domino la situación. He ganado. Le he ganado la batalla a esa pareja de
mierda. Puedo con todo.
Ágata.
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