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El
12 de octubre de 1936 se celebraba en dicho paraninfo de la universidad de
Salamanca el Día de la Raza, aniversario del descubrimiento de América por
Colon. MILLÁN ASTRAY
había llegado
escoltado por sus legionarios armados con metralletas, afectación que conservaría
a lo largo de toda la guerra. Varios oradores soltaron los
consabidos tópicos acerca de la "anti-España". Un indignado Unamuno, que había
estado tomando apuntes sin intención de hablar, se puso de pie y pronunció un
apasionado discurso. "Se ha hablado aquí de guerra internacional en
defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces, Pero, no, la
nuestra es solo una guerra incivil (...) Vencer no es convencer, y hay que
convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión
(...) Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma
razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí esta el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no
queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua
española, que no sabéis..."
En
ese punto, Millán Astray empezó a gritar: "¿Puedo hablar? ¿Puedo
hablar?" Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: "¡Viva
la muerte!" Entonces Millán
gritó: "¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos
cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España,
viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío
bisturí!" Se
excitó sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando.
Resollando se cuadró mientras se oían gritos de "¡Viva España!". Se
produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron
hacia Unamuno. "Acabo de oír el grito negrófilo
de "¡Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que "¡Muera la vida!". Y
yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el
enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en
la materia, que esta ridícula
paradoja que me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje
al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma
excesiva y tortuosa, como testimonio de que el mismo es un símbolo de
la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es
preciso decirlo en un tono mas bajo. Es un inválido de guerra. También
lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma.
Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos, Y pronto habrá
más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray
pueda dictar las normas de
psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza
espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y
completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que
carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo
como aumenta el numero de mutilados alrededor de él (...) El general
Millán
Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda,
según su propia imagen. Y por ello
desearía una España mutilada..."
Furioso, Millán grito: "¡Muera la inteligencia!" A lo que el poeta
José Maria Pemán exclamo: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos
intelectuales!" Unamuno no se amilanó y concluyó: "¡Éste es el templo de la
inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su
sagrado recinto. Yo siempre he sido , diga lo que diga el proverbio, un profeta
en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa
persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en
la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España". Millán se controló lo
suficiente como para, señalando a la esposa de Franco, ordenarle: "¡Coja el
brazo de la señora!", cosa que Unamuno hizo, evitando así que el incidente
acabara en tragedia.
A.S.I.
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