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Los estadounidenses ya viajaron hace tiempo a la Luna, pero no con
la fiambrera llena de gusanos de seda. El golpe de efecto con el que
China sorprenderá de nuevo al mundo son esos insectos larvarios que
podrían ser la base alimenticia de los taikonautas
(astronautas chinos) que en el 2020 pongan rumbo al satélite. Eso,
entre otras cosas, se está discutiendo muy seriamente en la 36 Asamblea
Científica Internacional para la Investigación Social, en Pekín.
Repulsión aparte, todo son ventajas. "Desde un punto de vista nutricional, tienen un alto contenido proteico y el organismo los asimila de forma eficiente". Son opiniones del investigador Yang Yunan a la agencia Xinhua que recoge Efe .
No solo eso. Son fáciles de criar, crecen rápidamente y no necesitan de
grandes superficies, una ventaja innegable en las asfixiantes naves
espaciales. Yang también resalta su higiene: "No huelen ni producen desperdicios".
Los gusanos de seda fueron elegidos para la dieta espacial
porque cinco de ellos aportan las mismas proteínas que un huevo y sus
capullos encierran ocho aminoácidos vitales para el hombre. Esas
proteínas animales superan las limitaciones de la dieta de trigo o soja
que investiga EEUU. Otras potencias aeroespaciales estudian criar en el
espacio erizos de mar, serpientes o tritones.
Comer de todo
Los gusanos chinos que acompañen a los astronautas no serán
pioneros. Ese honor lo tienen desde septiembre los que durante 18 días
viajaron a bordo de un satélite.
Aunque a la mayoría de chinos no les gustan los gusanos, es frecuente verlos en los mercados. Ejemplifican el proverbio: "En
China se come todo lo que vuela, menos los aviones; todo lo que tiene
cuatro patas, menos las mesas, y todo lo que nada, menos los barcos".
A.S.I.
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