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Rodeado de
libros, fórmulas y complejas ecuaciones matemáticas se hallaba aquel amante de
la sabiduría. El estudio de ese problema al que trataba de dar caza, cual predador hábil y silencioso,
entrañaba muchas más interrogantes de las que él había previsto. Enfangado
entre prolijos signos matemáticos y extrañas combinaciones numéricas, llegó a
él un leve susurro. Un sonido imperceptible que hizo distraerle de su farragoso
planteamiento racional lo llevó hasta la ventana de su habitación.
Allí estaba
ella, anunciándole su cambio de vestido, su streep-tease inverso. Se iba a
vestir con su flamante gasa roja. El sabio enamorado por tan hermosa cita se
trastornó irremediablemente, saltando por la ventana.
Mientras la
ambulancia y policía trataban de averiguar las causas por las que ese cuerpo
estaba tendido en mitad de la calle, unas manos muy lejos de allí comenzaban
lentamente a vestir el sensual cuerpo lunar.
La Luna por fin había conseguido
un amante lunático.
Jimul
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