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Su mal humor fue en aumento,
siguiendo las huellas de la marabunta hacia el Circo mediático de aquel espectáculo
deportivo, allí envuelto entre el tumulto de la manada antojadiza, vio la
figura que para él encarnaba el pecado en sí mismo. Como si se tratara de un
jinete apocalíptico, enviado para exterminar a los pecadores terrenales, agarró
su botellín de cerveza vacío, lanzándolo como rayo fulminante a uno de los
protagonistas de aquel evento. Cayendo en el suelo como un pelele.
Como un auténtico cobarde se
escapó entre la multitud, dejando un rastro de salvajismo, coreado por el
comportamiento animal de una masa sin control. La personalidad humana volvía a
sus orígenes.
Inferno
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