|
Su vida fue un completo capricho, niño consentido por sus
padres, nunca tuvo nada por lo que tuviese que quejarse. La normalidad
transcurría apacible y ordenadamente día a día, estación tras estación.
Pero un
buen día, comenzó a hacerse las preguntas de siempre, buscando respuestas
equivocadas. Cada vez planteaba peor sus miedos, y aún peor sus soluciones. Su
educación rígida y con pensamiento restringido, le hizo plantearse la
existencia, de una forma aún más simple. Sólo hay buenos y malos, a los buenos
se les premia y a los malos se les castiga con las máximas consecuencias.
Su locura
fue tan aberrante que llegó a creerse el juez de la vida de los demás, siendo juez
y parte de “sus propias pesadillas”. Su particular justicia afectó a varias
decenas de personas. Vidas humanas anónimas que no le afectaban en nada. Pero
él se empeñaba en hacerlo personal, y sólo su sistema era el ideal.
Pero como
todas las cosas, los cambios y otras situaciones, le pusieron en la cuneta,
llegando a ser un don Nadie, aborrecido por sus víctimas, y totalmente olvidado
por otros colegas salvapatrias aún más salvajes y menos idealistas.
Hoy ha
dedicido morirse, y nada ni nadie se lo va a impedir. Pero La Muerte ha creído
conveniente darle una pequeña lección, haciendo que sus últimos días fueran
agónicos. Y es que en esta vida Morir no es gratuito.
Jimul
|