Infierno

(Sólo para condenados)

Lecciones científicas

Publicado el 24 de Enero, 2007, 11:58. en Derivadas Humanas.
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Chesterton y las revoluciones francesas

Al desembarcar en Calais el escritor Chesterton tuvo una conversación con un tabernero francés. Este se quejó de la cada vez mayor falta de libertad del país y concluyó diciéndole : “Es lamentable haber hecho tres revoluciones para volver a caer sobre el mismo lugar”. Chesterton le contestó que una revolución, en el sentido propio del término, es el movimiento del móvil que recorre una curva cerrada y vuelve así al punto de partida...


Matemáticas e imaginación

Hilbert, un día, se dio cuenta de que uno de sus estudiantes había dejado de ir a sus clases. Cuando le dijeron que había renunciado a las matemáticas para ser poeta, dijo: “Bien: no tenía suficiente imaginación para ser un matemático”.


Lysenko y el lamarquismo

En un congreso de la Academia de Ciencias Soviética, el propio director, Lysenko, dijo, en defensa de la tesis oficial a favor del lamarquismo, lo siguiente:

- Si tuviéramos la constancia de cortar las orejas de las vaquillas cuando nacen, generación tras generación, al cabo de un tiempo las vacas nacerían sin orejas.

- Profesor Lysenko -preguntó tímidamente un joven científico cuyo rastro se ha perdido, desde el fondo de la sala-, ¿de ser cierto que cortando sistemáticamente, generación tras generación, las orejas de las vacas éstas acabarían naciendo sin orejas, cómo se explica que todas las jóvenes de la Unión Soviética siguen naciendo vírgenes?


Un caso de inducción exagerada.

Para congraciarse con los españoles, las escuadras francesas tenían la orden de acomodarse en cuanto pudiesen a las costumbres del país. Un buen día llegó una corta escuadra a Cartagena. El comandante destacó en una lancha a un oficial para que se presentase al gobernador y para que, de paso, obervase si había en el traje de los españoles alguna particularidad que se pudiese imitar por la oficiliadad francesa. Como serían las dos de un caluroso mediodía de julio el muelle estaba prácticamente desierto, a excepción hecha de un religioso que llevaba anteojos y de un anciano caballero que también los llevaba. De este hecho el joven oficial sacó la conclusión de que todos los españoles, sin distinción de sexo, edad o clase llevaban anteojos, por lo que de vuelta al barco así se lo hizo saber a su comandante. La casualidad quiso que llevasen a bordo varias docenas de anteojos, lo que permitió que cada oficial bajase a tierra con un par sobre sus narices.

La noticia de la llegada de la escuadra había llegado ya a la población, que se había congregado multitudinariamente en el muelle para recibir a los franceses. Cuál no sería su sorpresa cuando vieron a todos aquellos oficiales provistos de anteojos. Todo empezó con unas risas, siguió con unas carcajadas y terminó en una auténtica batalla campal entre unos soldados españoles que allí había y los marineros franceses.


Inducción es el razonamiento por el que pasamos de los casos particulares a la ley general. Filosóficamente hablando es difícilmente sostenible, pero lo cierto es que da la impresión de que el mundo se comporta de modo regular, y por eso tendemos a concluir reglas generales a partir de aquellos sucesos que se repiten. Pero hay que tener cuidado y no generalizar con la alegría con la que lo hizo el francés o con la que lo hacemos todos más veces de lo que creemos.

A.S.I.