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Chesterton y las revoluciones francesas
Al desembarcar en Calais el escritor Chesterton
tuvo una conversación con un tabernero francés. Este se quejó de la
cada vez mayor falta de libertad del país y concluyó diciéndole : “Es
lamentable haber hecho tres revoluciones para volver a caer sobre el
mismo lugar”. Chesterton le contestó que una revolución, en el sentido propio del término, es el movimiento del móvil que recorre una curva cerrada y vuelve así al punto de partida...
Matemáticas e imaginación
Hilbert, un
día, se dio cuenta de que uno de sus estudiantes había dejado de ir a
sus clases. Cuando le dijeron que había renunciado a las matemáticas
para ser poeta, dijo: “Bien: no tenía suficiente imaginación para ser
un matemático”.
Lysenko y el lamarquismo
En un congreso de la Academia de Ciencias Soviética, el propio director, Lysenko, dijo, en defensa de la tesis oficial a favor del lamarquismo, lo siguiente:
-
Si tuviéramos la constancia de cortar las orejas de las vaquillas
cuando nacen, generación tras generación, al cabo de un tiempo las
vacas nacerían sin orejas.
- Profesor Lysenko
-preguntó tímidamente un joven científico cuyo rastro se ha perdido,
desde el fondo de la sala-, ¿de ser cierto que cortando
sistemáticamente, generación tras generación, las orejas de las vacas
éstas acabarían naciendo sin orejas, cómo se explica que todas las
jóvenes de la Unión Soviética siguen naciendo vírgenes?
Un caso de inducción exagerada.
Para
congraciarse con los españoles, las escuadras francesas tenían la orden
de acomodarse en cuanto pudiesen a las costumbres del país. Un buen día
llegó una corta escuadra a Cartagena. El comandante destacó en una
lancha a un oficial para que se presentase al gobernador y para que, de
paso, obervase si había en el traje de los españoles alguna
particularidad que se pudiese imitar por la oficiliadad francesa. Como
serían las dos de un caluroso mediodía de julio el muelle estaba
prácticamente desierto, a excepción hecha de un religioso que llevaba
anteojos y de un anciano caballero que también los llevaba. De este
hecho el joven oficial sacó la conclusión de que todos los españoles,
sin distinción de sexo, edad o clase llevaban anteojos, por lo que de
vuelta al barco así se lo hizo saber a su comandante. La casualidad
quiso que llevasen a bordo varias docenas de anteojos, lo que permitió
que cada oficial bajase a tierra con un par sobre sus narices.
La
noticia de la llegada de la escuadra había llegado ya a la población,
que se había congregado multitudinariamente en el muelle para recibir a
los franceses. Cuál no sería su sorpresa cuando vieron a todos aquellos
oficiales provistos de anteojos. Todo empezó con unas risas, siguió con
unas carcajadas y terminó en una auténtica batalla campal entre unos
soldados españoles que allí había y los marineros franceses.
Inducción es el razonamiento por el que pasamos de los casos
particulares a la ley general. Filosóficamente hablando es difícilmente
sostenible, pero lo cierto es que da la impresión de que el mundo se
comporta de modo regular, y por eso tendemos a concluir reglas
generales a partir de aquellos sucesos que se repiten. Pero hay que
tener cuidado y no generalizar con la alegría con la que lo hizo el
francés o con la que lo hacemos todos más veces de lo que creemos.
A.S.I.
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