Infierno

(Sólo para condenados)

Francisco J. Ayala

Publicado el 23 de Enero, 2007, 10:53. en General.
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«Los tres grandes misterios a los que se enfrenta la biología del siglo XXI son la relación entre mente y

cerebro, el misterio de la transformación de simio a humano y cómo la información lineal del ADN se transforma en individuo»

Francisco J. Ayala (Madrid, 1934) marchó a EEUU a principios de los años sesenta, cuando estas tierras no eran más que un páramo científico. Allí se doctoró en Biología e inició una carrera que le ha situado como uno de los científicos  más acreditados y reconocidos, con una decena de doctorados honoris causa, varias medallas —en 2002 George Bush le entregó la de Ciencias de EEUU—, presencia en los consejos y academias más prestigiosos o en ámbitos de influencia clave, como el comité de asesores científicos del ex presidente Bill Clinton. Comprometido con la divulgación científica, Ayala ha publicado varios libros en los que acerca al gran público sus trabajos y aborda las implicaciones filosóficas y éticas. Ahora va a salir a la luz un volumen con sus trabajos (La Evolución de un evolucionista) y Alianza Editorial prepara un libro en el que analiza la relación entre religión y evolución.

 

–¿En qué medida los seres humanos somos fruto del azar evolutivo?

–La evolución es confluencia de dos cosas: el azar y una especie de determinismo o necesidad, que es la selección natural. La especie humana es un resultado del azar en el sentido de que si uno empezara el proceso de la evolución hace cien o mil millones de años, si los antepasados que vivieron entonces volvieran a existir ahora y la Tierra estuviera igual, ¿se iba a producir la especie humana al final? No. Sin embargo, la selección natural es la que hace que tengamos ojos paralelos e inteligencia, porque la evolución del cerebro fue facilitada porque beneficiaba a nuestros antepasados. O sea, el proceso no se puede repetir, pero tiene un componente de determinismo.

–En esencia, ¿qué es lo que nos hace humanos?

–Ése es uno de los grandes misterios que nos queda por resolver. Lo que nos hace humanos, más que nada, es la inteligencia, que nos da la capacidad de conocimiento, de anticipar el futuro, de producir la tecnología, la ética, las instituciones sociales y políticas más complejas. A nivel de genes, hay una descripción ingenua que nos permite diferenciar entre chimpancés y humanos: ahora que tenemos la secuencia, sabemos que, entre ellos, el 1,5% de los genes son distintos. Pero describir estas diferencias no nos da mucha comprensión sobre qué nos hace ser humanos. Describir las señales que pasan de una neurona a otra no nos hace entender cómo las sensaciones que percibimos por los sentidos se convierten en ideas y cómo a través de éstas se crean otras más complejas. Quedan muchas cosas por resolver, así que, afortunadamente, los científicos no vamos a estar desempleados por mucho tiempo.

DOLORES PALAU

 

«Los tres grandes misterios a los que se enfrenta la biología del siglo XXI son la relación entre mente y cerebro, el misterio de la transformación de simio a humano y cómo la información lineal del ADN se transforma en individuo»


–¿Qué relación se establece entre biología y ética?

–Diferencio entre la capacidad de hacer juicios morales, de juzgar las cosas como buenas o malas, que sí está determinada por nuestra concepción biológica, y las normas con arreglo a las cuales decidimos qué es bueno y qué es malo, que son fruto de la tradición cultural, no de la evolución biológica. La capacidad del lenguaje simbólico en los humanos está determinada por nuestra biología: el cerebro, las cuerdas vocales para hablar..., pero el lenguaje que se habla, no. La capacidad de juicio es como la del lenguaje, y las normas morales son como los lenguajes que se hablan, son distintas en diferentes culturas y lo han sido a través del tiempo. El ojo por ojo y diente por diente hoy nos parecería un crimen atroz.

–¿Cuáles son los límites éticos que pone a la investigación con células madre?

–¿Se refiere a las células tronco? Me parece que los científicos están tratando de evitar esta expresión, porque tiene connotaciones indeseables, por eso prefieren la inglesa stem cells, células tronco. Los límites tienen que ver con los de toda investigación científica, sobre todo cuando se trata con seres vivos o parte de ellos. La noción implícita en quienes están en contra de la investigación porque se destruirá un ser humano es, desde el punto de vista biológico, completamente absurda. También desde el teológico tradicional, porque si vamos a Santo Tomás de Aquino, dice que no puede haber ser humano sin que haya forma humana. Y no la hay hasta que el feto está en su octava semana. Que exista potencialidad para desarrollarse un ser humano no quiere decir que sea un ser humano. Es absurdo pensar que una célula, por tener genes, pueda dar lugar a un ser humano, porque, potencialmente, si cojo un trocito de mi piel, ahí hay millones de células, y con las técnicas apropiadas se podría crea un millón de individuos, lo que no quiere decir que cuando me araño la piel haya matado un millón de individuos.

–¿Por qué tienen tanta fuerza las ideas creacionistas en EEUU, hasta el punto de impedir que se explique la evolución en las aulas?

–La gente piensa que todo lo que tenga que ver con Dios es bueno. Y que es mejor que Dios sea el responsable de que tengamos ojos y narices, que de que se trate de un proceso natural, que eso es materialismo, y comunismo y cosas así. En España también, lo que ocurre es que aquí no se hacen encuestas y la gente no toma estas posiciones extremas. En EEUU mucho de esto es manipulación de ciertos grupos políticos de un extremo o de otro. Además, EEUU es, entre los países occidentales, el más religioso: el 85% de los norteamericanos se consideran religiosos y el 65% va de manera regular a servicios religiosos. En España es el 24%. Nos creemos un país católico, apostólico y romano, pero comparado con los americanos, nada. Para la mayoría de los americanos, todo lo que tenga que ver con Dios y la religión está bien, todo lo que lo excluya, está mal. La ciencia excluye a Dios, no porque lo rechace, sino porque no tiene nada que decir sobre la religión.

–Defiende que cristianismo y evolucionismo son compatibles.

–No sólo son compatibles sino que el evolucionismo lo es más con el cristianismo que el creacionismo, que no lo es. Empezando por el diseño de la mandíbula humana, que no es suficientemente grande para todos los dientes. A un ingeniero que hubiese diseñado una mandíbula así lo despedirían al día siguiente. ¡Echarle a Dios la culpa de esa ineptitud! No digamos el canal de natalidad de las mujeres, que provoca tantas muertes de niños y madres. ¿Y quién hubiera diseñado organismos, los parásitos, cuya existencia depende exclusivamente de destruir a otros? ¿Le van a echar la culpa a Dios? No se dan cuenta estas personas que las implicaciones del diseño inteligente son una blasfemia, que acusan a Dios de incompetencia, de crueldad, de sadismo. En cambio, la teoría de la evolución es perfectamente compatible, no le echamos la culpa a Dios cuando hay un terremoto.

–¿Qué supone lo que se ha descifrado hasta ahora del genoma humano?

–Lo es todo y no es nada. Digamos que tenemos un libro escrito en un lenguaje que no conocemos y, además, cuyas letras son invisibles; entonces, hemos encontrado un método, tratándolo con ácidos, de conocer la secuencia de letras. Tenemos a secuencia de letras del libro —de mil libros del tamaño del Quijote, que es lo que ocuparía el genoma humano si se imprimen todas las letras—, pero leemos sólo una frase aquí y otra allá. Entender el mensaje del libro, muy poco. Saber la secuencia de letras, que es el genoma humano, por sí mismo, no nos da a conocer el contenido del libro.

–O sea, que estamos al principio del camino.

–Falta lo más importante. En la Academia de Ciencias [de EEUU] siempre he estado a favor del proyecto del genoma humano, pero en contra de las cosas que decían estos genomaniacos una vez se tuviera la secuencia. El premio Nobel que descubrió una de las técnicas básicas para conocer la secuencia del ADN, Walter Gilbert, dijo: "El genoma humano será el Santo Grial.

Cuando tengamos la secuencia, habremos satisfecho el mandato bíblico "Conócete a ti mismo". Es muy amigo mío, nos llevamos muy bien, pero esas cosas son ridículas. Cuando tengamos la secuencia del genoma no vamos a saber nada más de nosotros mismos que lo que sabemos hasta ahora; un poquitín más, a lo mejor.

–¿Es posible hoy la clonación humana?

–Clonar un ser humano no es muy diferente de clonar una vaca, una oveja o un ratón, pero claro, en los animales que se han clonado, los éxitos son inferiores al 1%. Es decir, se implanta el genoma clonado en una madre y, en los últimos estadios del embarazo, falla. De los individuos que nacen, no hay ninguno que sea normal. A la ovejita Dolly tuvieron que matarla porque estaba envejeciendo rápidamente, tenía muchos fallos de órganos. En el momento actual no se puede clonar bien, pero, en unos años más, habrá tecnología para ello. Sin embargo, ¿será deseable clonar? No he encontrado a nadie que me haya convencido de las condiciones y circunstancias que lo justifiquen.

–Forma parte de diversas entidades científicas y fue asesor del ex presidente Bill Clinton, ¿qué experiencia tiene de la receptividad de los políticos sobre estos temas?

–Es un problema muy complejo, pero es cuestión de educar a la gente.  A medida que el Parlamento americano, la Cámara de representantes y el Senado entendieron el proceso relativamente bien, aun siendo republicanos, la mayoría estaba a favor de investigar con células tronco. De hecho, se está investigando: el Estado de California votó 3.000 millones de dólares para esa investigación. Pero hay muchos intereses creados en el mundo de la política y los gobernantes responden a ellos.

–¿Espera una gran revolución científica este siglo, o se tratará más bien de ir encajando pequeñas piezas del puzzle?

–Creo que habrá revoluciones muy importantes cuando se resuelvan los tres grandes misterios a los que se enfrenta la biología del siglo XXI: la relación entre mente y cerebro, cómo las señales físico químicas se convierten en ideas, conceptos y sentimientos; el misterio de la transformación de simio a humano; y cómo la información lineal del ADN se transforma en un individuo.
Creo que se darán avances tremendos en estos tres problemas fundamentales. En este momento, los más grandes se están haciendo con respecto al tercero.

–¿Se ha planteado alguna vez volver a España?

–Me han invitado bastantes veces, a los niveles más altos del gobierno y otros, pero mi vida ya está hecha en los EEUU como científico, como familia y demás, con todas mis amistades. Cuando empecé mi carrera en EEUU, la investigación científica en España era muy limitada y pueblerina. Hace muchos años que no lo es, pero mi vida está hecha allí. Y lo mejor para mí es seguir allí.

–¿Cómo ve, desde la distancia geográfica, el nivel científico español?

–Muy bueno, a pesar del poco apoyo económico. La inversión privada es casi nula y la pública es menos del 1%, mientras que el promedio de los países de Europa es del 2%. Y en los más avanzados, Alemania, Japón, EEUU, es casi del 3%. Aún así, la ciencia va muy bien en España.

(Entrevista sacada  del diario La Opinión de Zamora)