Infierno

(Sólo para condenados)

Roger Penrouse

Publicado el 21 de Enero, 2007, 20:48. en Derivadas Humanas.
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LA TEORIA DE LA MENTE DE PENROSE

 

 

1.500 páginas que pretenden ser «Una guía completa de las leyes del Universo»

 

En 1991 llegó a España La nueva mente del emperador (Mondadori), quizás el libro que más contribuyó a hacer de Penrose  uno de los personajes más conocidos de la  ciencia. Allí se concretó la llamada «teoría  de Penrose de la mente», una indagación  científico-filosófica cuyas ideas troncales  serían las siguientes:

 

  1. Puede haber campo, dentro de las leyes  de la física, para acciones no algorítmicas,  es decir, para sucesos que no puedan ser simulados por una computadora.
  2. Parece probable que tales acciones ocurran en esa tierra de nadie que hay entre la física clásica y la física cuántica.
  3. Hay evidencias de que el pensamiento consciente podría ser uno de esos eventos no algorítmicos, lo que llevaría a decir que algunos modos de acción del cerebro no están al alcance de las computadoras.
  4. Penrose discrepa entonces del concepto de «inteligencia artificial fuerte», que equipara cerebro con computadora y percepción  consciente con computación.
  5. Aunque el cerebro sea un sistema físico que actúa mediante procesos físico-matemáticos conocidos, Penrose niega que «matemáticamente bien definido» implique «computable».
  6. Ha de haber un terreno de la física aún no explorado: la física no computacional, de la que dependen los fenómenos mentales conscientes.
  7. La física actual no basta para «fabricar» inteligencia.
  8. Penrose usa el teorema de Gödel (un sistema formal coherente que contenga las reglas de la aritmética y de la lógica va a contener proposiciones bien construidas que resultan simultáneamente indemostrables e irrefutables dentro del propio sistema), para concluir que «verdad», «significado» e «intuición» no son materia algorítmica.
  9. Sea lo que sea lo que hoy podamos diseñar y construir, es inferior a la mente humana.

 

Algunos autores de gran reputación científica (Peris, McCarthy, Dennet…) combaten duramente contra los argumentos de

Penrose. Arguyen que pueden encontrarse

en sus razonamientos falacias que los descalifican. He aquí las principales:

 

·        Falacia «per ignorantiam»: Penrose ofrece pruebas con base en una física que todavía no existe.

·        Falacia «de autoridad»: ciertos críticos se quejan de la afición de Penrose a apelar a su propio renombre como físico para lanzar dudas sobre otras disciplinas científicas.

·        Falacia «non sequitur»: Penrose afirma que la intuición no es computable ya que ciertas fórmulas verdaderas no pueden probarse en un sistema formal (por eso son intuitivas), pero olvida que es perfectamente posible probarlas en otro sistema formal diferente.

·        Falacia «de composición»: se le acusa de presuponer arbitraria e injustificadamente que como los argumentos muy simples no demuestran tener «inteligencia», una combinación de muchos de ellos que constituya un sistema complejo tampoco puede tenerla.

·        Falacia «ontológica»: se reprocha a Penrose que cuando afirma que el pensamiento no es algorítmico omite hacer una distinción ontológica (o de niveles de abstracción): el pensamiento aplica heurísticas (procedimientos que no tienen garantizado el éxito pero que generalmente lo logran) en el nivel de la computación, pero esas heurísticas, para funcionar, tienen que estar programadas algorítmicamente en el nivel de los mecanismos. El camino de la realidad

 

 

FELIX F. MENDEZ

 

Roger Penrose, uno de los científicos teóricos más influyentes en la actualidad, acaba de publicar en español El camino a la realidad (Debate), irremisiblemente destinado a ser una leyenda de la divulgación científica.

Las credenciales científicas de sir Roger Penrose (Inglaterra, 1931) son

de escándalo: hijo del genetista Lionel S. Penrose, hermano del matemático Oliver Penrose, hermano del ajedrecista Jonathan Penrose, profesor emérito de Matemáticas en Oxford, creador de la «teoría de twistores» que permite mapear entidades físicas en un espacio-tiempo de Minkowski (el terreno de juego donde toma cuerpo la teoría de la relatividad de Einstein), coprobador (junto con Stephen Hawking) de los mecanismos mediante los que nacen los agujeros negros durante el proceso de muerte de las grandes estrellas, promotor de la «hipótesis de la censura cósmica» (una atrevida, y muy rica,

conjetura según la cual las leyes del Universo están finamente calibradas para protegernos de la impredictibilidad de las singularidades, como por ejemplo los agujeros negros), geómetra destacado por su descubrimiento de los «teselados de Penrose» (un teselado es una especie de mosaico), creador de las «redes de spín» (gérmenes del bucle gravitocuántico del que es heredera la geometría del espacio-tiempo), diseñador de los «diagramas causales de Penrose» (el único modo que tenemos muchos de comprender conceptos relativistas sin renunciar del todo a la intuición), e incluso creador de una «teoría de la mente» (su contribución más polémica, más generosa a la hora de darle fama y más ambiciosa) que usa el teorema de incompletitud de Gödel para plantear el gran desafío: inteligencia humana contra inteligencia artificial, y postular que ni hoy ni nunca la máquina puede igualar al hombre, pues nuestra mente tiene componentes «no computables» justo donde el mundo macroscópico y tangible tiende un puente hacia el caos cuántico.
No voy a engañar a nadie, todos los adjetivos que puedan ponérsele al nuevo libro de Penrose (grande, difícil, importante, profundo… caro) deben ir precedidos por la palabra muy.

El camino a la realidad
En ajedrez se usa el símbolo ?! para señalar una jugada arriesgada y heterodoxa pero prometedora, y la notación !? para indicar un lance brillante y agresivo pero dudoso. Uno no sabe cuál de estas etiquetas emplear para definir tan tremendísima empresa: explicar al gran público cómo es, qué leyes lo rigen, cuáles son su futuro y pasado, qué es, en definitiva, el universo-todo-entero. Cierto

 

LO QUE DICE

«Hay cuestiones profundamente misteriosas de las que tenemos poca comprensión. Es muy probable que el siglo XXI revele ideas más maravillosas incluso que aquellas con las que nos ha bendecido el siglo XX. Pero para que esto suceda necesitaremos nuevas y poderosas ideas que nos lleven en direcciones significativamente diferentes de las que en la actualidad se están siguiendo. Quizá lo que necesitemos fundamentalmente es algún cambio de perspectiva… algo que todos hemos pasado por alto» «La biología está más lejos que la química de ser reducible a leyes físicas, pero no tenemos ninguna razón para creer que (aparte de la consciencia) el comportamiento biológico no sea, en su raíz, puramente dependiente de acciones físicas que ahora comprendemos básicamente. En consecuencia, la biología también puede estar, en última instancia, controlada por las matemáticas»  «Sería imprudente predecir con mucha confianza que estas teorías (relatividad, mecánica cuántica, teoría F, teoría M, teoría QFT…) están a punto de dar los pasos adicionales necesarios que nos pudieran guiar hacia el verdadero camino a la comprensión de la realidad»
es que estamos ante un Gran Maestro (de la ciencia y de la divulgación), cierto también que Penrose ha necesitado redactar 1.000 páginas de excitante física para ser honesto con el subtítulo de su libro, y cierto, por cierto, que ésta no es sino la segunda mitad del libro: las primeras 500 páginas las emplea en explicar las matemáticas necesarias para comprender las otras 1.000.
Los 32 capítulos del libro aparecen, en suma, sembraditos de fórmulas y ecuaciones. Sarna con gusto:


esta vez no será la terminología matemática lo que retraiga a muchos lectores, los asustadizos habrán sido centrifugados ya por la imponente presencia de un 1.500 páginas de pura ciencia. Así que quienes volteen la primera hoja de este monstruo adorable van a ser, por definición, entusiastas de la física, y además iniciados.
Cabe decir que el libro trata de la relación entre las matemáticas y la física, y de cómo el diálogo entre ambas es el único motor que empuja nuestra búsqueda de la verdad (que me disculpen los inclinados a explicaciones místicas, pero es lo que hay). De hecho, los físicos modernos describen las cosas en términos, invariablemente, de modelos matemáticos. Es como si trataran de encontrar el genuino camino a la realidad en el mundo platónico de las ideas matemáticas.

Según la «musculatura matemática» del usuario, Penrose admite hasta cuatro niveles de lectura de El camino a la realidad (si…, sáltese este capítulo; si…, prescinda de este párrafo; si…, no haga gran caso a esta ecuación). Mucho me temo que ninguna de estas lecturas sea del tipo novelesco, ni siquiera puede utilizarse «El camino a la realidad» como un libro de divulgación al uso. Más bien estamos ante una guía, un atlas de las ideas y preguntas fundamentales de la física moderna.  

Afortunadamente «El camino a la realidad» no es sólo un compendio de los conocimientos actuales de la física, ni tan siquiera de las ideas dominantes. Penrose tiene planteamientos propios, minoritarios dentro de la comunidad científica, hasta exclusivos, por los que apuesta con firmeza. Mucho es lo que se habla y escribe sobre la teoría del todo, estación términus de la física que habrá de unificar relatividad y mecánica cuántica, lo grande y lo pequeño. Penrose, nadando a contracorriente, opina que será el desarrollo de la relatividad y no de la física cuántica lo que nos lleve a la teoría del todo. Original y emocionante es su viaje intelectual a la región prohibida, a lo anterior al Big Bang: ¿qué hubo cuando aún no existían ni el tiempo ni el espacio?
Honesto Penrose: en aquellos pasajes en los que presenta opiniones que deben considerarse controvertidas, se cuida de avisar al lector de las libertades que se está tomando y de advertirle que repare en los abucheos que llegan desde el graderío.  
Habrán observado que poco, poquito, se ha hablado aquí de física auténtica. No me da la gana de aplastar a mis posibles lectores contándoles que las funciones holomorfas en fibrados vectoriales n-espinores de matrices twistoriales proyectivas… Pero aviso: si yo conozco la clemencia, Penrose no.
Así que ha llegado el momento de decidir si recomiendo explícitamente la lectura de «El camino a la realidad» a cualquiera que no pertenezca a la superélite de las matemáticas y de la física. Ay, mamina, me faltan huevos. Quien quiera, quien pueda, que se quede al show.

Simplemente: damas y caballeros, con todos ustedes: Roger Penrose!?; con todos ustedes: el Universo?!

A.S.I.