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No fue una cena más de Nochebuena. Tras una larga y
laboriosa tarde en la cocina preparando las viandas, llegó el momento de
exponerlas ante toda la familia. Allí estaban, hijos, nueras, nietos e incluso
la pareja con la que compartía lecho desde hacía 6 meses. Todos festejaron el
colorido de los alimentos que se mostraban como parte del ritual de aquella
noche. La gula se apoderó de los 18 comensales, devorando todas las
delicatessen. No quedó apenas nada, todo había sido digerido con el ansia
propia de las grandes comilonas. Poco después la abuela contempló como uno a
uno yacían por la casa saciados de tanto placer. Liberada de los compromisos
salió de su casa, esquivando los cuerpos inertes de sus hasta entonces
opresores. “Feliz Navidad, familia” susurró la abuelita de 80 años, cerrando
tras de sí la puerta de su cementerio privado.
(Inferno)
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