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Una vez saciado su apetito restregó su pico contra la losa de mármol, batió las alas e intentó alzar el vuelo, pero no podía, su cuerpo inútilmente intentaba con todas sus fuerzas elevarse y por más que lo intentaba, no lograba dar con el movimiento perfecto, agitaba sus alas, estremecía su cuerpo, levantaba sus patas, lanzaba la cabeza hacía adelante una y otra vez, sin embargo a lo máximo que alcanzaba era a desplegar sus alas y batirlas hasta agotarse.
En la tumba una calavera sonreía sin despegar los dientes para no soltar la pata del cuervo.
(Gladys)
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