Infierno

(Sólo para condenados)

Esencia

Publicado el 31 de Agosto, 2006, 11:35. en Relatos variados.
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Miguel:            ¿Qué haces ahí sentada, si la fiesta está en la plaza?

 

Elisa:               (Sentada en un poyo en semioscuridad. Pensativa al tiempo que lleva el compás de la música de fondo) Pues estoy descansando y contemplando las estrellas. Siéntate y así las contemplamos juntos, si quieres o no tienes otra cosa mejor que hacer.

 

Miguel:            (Sorprendido por el ofrecimiento) Bueno, si a ti no te molesta que te interrumpa en tus pensamientos…

 

Elisa:                   ¿Molestarme? No seas tonto. Anda, ven aquí y siéntate. (Se hace a un lado y le deja sentarse en el poyo. Mirándole a los ojos) Bueno y dime… ¿cómo te lo estás pasando?

                   

Miguel:                Creo que esa pregunta  te la debería hacer yo. Lo estoy pasando bien, bailo, me divierto y esas cosas… Por cierto ¿quieres? (le ofrece un vaso con bebida) Es la bebida que a ti te gusta. Venga, anímate que estamos en fiestas y es verano.

 

Elisa:                No, gracias, no me apetece. Pero si quieres acompañarme a dar una vuelta hasta el valle…

 

Miguel:                (No dando crédito a la proposición de Elisa, su amor platónico del verano, desde la primera vez que se conocieron. Él,  de hijo una familia ganadera, que en otros tiempos fue la hacendada  del pueblo, y ella la hija de unos más que modestos hijos del pueblo,  que tuvieron que buscarse la vida, fuera de la tierra que les vio nacer. Hoy, la situación de una y otra familia era totalmente diferente, y era ahora la familia pobre quien había evolucionado social y económicamente, siendo la familia más respetada que veraneaba en el pueblo. Elisa por su atractivo, era además un bocado apetecible para las hormonas masculinas de todo adolescente. Y sucedía otra vez, el tiempo jugaba caprichosamente con el futuro de unos sencillos mortales.  Ironizando) Pues no lo sé… Entre una música maravillosa que no me gusta nada y la agradable compañía de una belleza… La verdad es que  lo estoy pensando.

 

Elisa:               (Siguiéndole el juego) Bueno, ha de elegir el caballero entre la princesa que por la mañana se convierte en calabaza, o el dinero.

 

Miguel:                ¡Hummm…! No sé, no sé... Bueno, me arriesgaré, me quedo con el dinero.

 

Elisa:               (Dándole un cachete en el hombro a Miguel) ¡Idiota! Pues si no quieres venir, me iré yo sola.

 

Miguel:                Bueno, vale… Estas chicas de hoy no saben aguantar una broma. (Le tiende la mano, ella la agarra con suavidad y juntos se alejan del bullicio lenta, pero decididamente, ante los ojos curiosos de los presentes. Sus pasos son cortos pero decididos, ambos han tomado una decisión y la llevarán hasta el final. Tras un silencio un tanto embarazoso, en la que ambas mentes van planificando sus respectivas estrategias, Elisa rompe el silencio con una conversación, quizás intranscendente) Siempre me han gustado las noches de verano. Este cielo despejado, esta atmósfera tan limpia, y una luna que se empeña en espiar los movimientos de cada uno de nosotros.

 

Miguel:            La luna, astro que ha confundido a más de un gran hombre que pretendía menospreciarla, y que el pueblo sencillo la ha tratado como si fuera de su familia, al menos hasta ahora. Pero claro, nada es como antes.

 

Elisa:               Sí, nada es como antes. Sentémonos aquí (indicándole un pequeño rincón  muy estratégico para sus planes. Miguel obedece inmediatamente. Los corazones comienzan a bombear pasión a marchas forzadas, produciéndose en ambos cuerpos una descarga de adrenalina que inunda el ambiente. Sus rostros  a inician un lento pero implacable avance hacia el frente. Poco a poco y a medida que el choque se prevé los ojos adivinan el encuentro y se van cerrando, como queriendo adivinar la trayectoria de quien se encuentra enfrente. Un roce apenas imperceptible se ha hecho presente en los labios de Elisa. Ambos se vuelven a apartar como sorprendidos de lo que se han atrevido a hacer. Se vuelven a mirar, preguntándose con la mirada si era eso lo que deseaban. No hubo mucho tiempo para responder este tipo de preguntas, el cuerpo de Elisa ya no admitía en ese momento tanta ansiedad y tomando la iniciativa se lanzó hacia los labios de Miguel. Sorprendido y halagado, recibió a corazón abierto las deliciosas caricias de Elisa, que a estas alturas se aferraba al cuerpo de su amado como un predador a su presa. La timidez inicial de Miguel se fue perdiendo, y en un minuto la guerra se desató, cobrándose sus primeras víctimas colaterales, la ropa de los amantes, que contemplaba inerte en el suelo el tremendo combate que estaban desarrollándose en aquel paraje solitario. Los suspiros, dieron paso a los gemidos, y éstos a pequeños gritos que escapaban de la conciencia de Elisa. Sus cuerpos se fundieron hasta convertirse en uno sólo y la pasión desbordaba por todos los poros de su piel. Si alguien hubiese estado espiando a la pareja, no habría podido soportar la pasión y el amor que ambos desbordaban. El tiempo no importaba, ni tampoco el descenso paulatino de la temperatura, tan sólo era su presencia, su amor. Un ligero sopor sorprendió a ambos cuerpos en su pasión quedando enlazados, retorcidos de amor. El amanecer les hizo volver a la realidad, Elisa fue la primera que despertó, acariciando el cuerpo desnudo de Miguel. Poco a poco las lágrimas fueron escapándose de sus ojos. Miguel fue despertado por los sollozos de su compañera.

 

Miguel:            (Sorprendido y tratando de consolarla la estrechó aún más contra su cuerpo. Con dulzura) ¿Qué le pasa a Mi Niña? ¿Te sientes mal por lo sucedido?

 

Elisa:                    No, cariño, para nada. Ni muchísimo menos. Si llego a saber que sería así, lo hubiese hecho mucho antes. Ha sido la mejor experiencia de mi vida, y deseo volver a repetirla las veces que sea necesario. No es por ti, ni tampoco por nosotros. Es por mí. Este momento me ha traído a la memoria muchos recuerdos. Como tú sabrás al nacer yo, mi madre entró en coma… Fue una especie de señal ¿sabes? es como si adivinase el personal sanitario la presencia de la muerte. El incidente fue provocado por la alergia repentina  a un medicamento. Los primeros auxilios tardaron en hacerse, permitiendo que mi madre entrase en un estado irreversible, al cumplir yo un año de vida, mi madre murió. Mi padre nunca volvió a ser el mismo, ellos estaban muy unidos, y mis abuelos junto con él me han criado hasta convertirme en lo que soy. Mi abuela, a la que nunca querré lo suficiente tomó una decisión que fue la de traerme desde bebé a este pueblo porque a mi madre le encantaba venir, se lo pasaba muy bien; tal vez fue su última voluntad, ver a su hija en este pueblo… Se llamaba Adela, tu padre a lo mejor la conoce. El caso es que fiesta tras fiesta, verano tras verano; mis abuelos me han traído aquí, pasando los mejores momentos de mi infancia, aunque mi padre era reacio a venir porque los recuerdos le dolían. ¿Sabes? Mi padre nunca se ha vuelto a casar y eso que ha tenido grandes oportunidades y amigas excelentes que le han querido con locura, pero nunca ha querido olvidar el vacío que dejó Adela. Todo su objetivo desde que murió su amor fue sacar a su hija adelante. Se centró en mí completamente, olvidándose muchas veces de su vida privada.

 

Miguel:             Debió ser una gran relación la que mantuvieron tus padres. Tu madre seguro que fue una grandísima mujer.

 

Elisa:                Mi abuela dice muchas veces: "Alejandro está enamorado hasta el tuétano de mi hija". Lo quiere como si fuese su propio hijo. Y yo soy su nieta preferida. ¿Sabes? Esto no se lo he dicho a nadie, pero a veces noto la presencia de mi madre… como piensa, como siente. Sobre todo cuando estoy en este lugar. Por eso nunca he dejado de venir y por eso nunca dejaré de hacerlo, sobre todo ahora que he conocido a la persona ideal. Te diré algo, Mi vida, (acariciándole el rostro) Hoy por fin he podido sentir realmente su esencia. (Miguel se acerca suavemente a ella y abrazándola, la besa suavemente)

 

 

 

Fin