Infierno

(Sólo para condenados)

7 de Marzo, 2006


MARIA

Publicado el 7 de Marzo, 2006, 11:06. en Relatos variados.
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A mi abuelo Cecilio , en el decimoctavo aniversario de su muerte .

Ayer encontré unas libretas viejas y unos viejos diarios olvidados, casi tan olvidados como ese yo inocente y una tanto ajeno a lo que hoy reconocería como yo, pero a la vez tan identificable, que me hace pensar si antes era centrada , responsable y precozmente adulta , si hoy soy inmadura , inocente e ilusa o si nunca he sido nada de eso . Aún así , lo que más me ha llamado la atención no es la evolución de la persona que escribe , una evolución que antes o después todos sufrimos en mayor o menor medida , sino que (con esa forma de mirar abstracta y una tanto desenfocada que siempre he tenido )mi sorpresa ha sido la forma y no el fondo : aunque yo habría jurado que no , creo que lo que más ha cambiado de mí en los últimos veinte años no han sido ni mi figura , ni mi cara ni mi pelo -pobre pelo ahora corto , ahora largo, ahora de un color, luego de otro - . Lo que más ha cambiado ha sido mi letra . Quizás no sea casual , la letra es la manera que tenemos de adaptar el mundo a nuestra medida humana, pequeña , vacía , vulgar . La historia de la civilización , de la palabra , del mundo y su memoria sólo caben en nosotros- tan insignificantes y tan frágiles a pesar de nuestra soberbia- a través de esos pequeños moldes que nos forman , nos conforman y , tantas veces , nos deforman .
Sé que parecerá una tontería , rectifico , sé que es una soberana tontería pero siempre me ha gustado escribir no por el placer de contar - yo nunca escribí nada por placer , sino más bien por desahogarme , por gritar lo que de otro modo no soy capaz , por decirme en voz alta lo que no quiero escuchar de otros -sino y sobre todo , por la calma de escuchar el deslizar sobre el papel de una pluma , un lápiz o un prosaico y humilde bolígrafo .Hay pocas cosas que un adulto pueda hacer que me produzcan más ternura que ver esa concentración primaria e infantil que todos ponemos al escribir . Uno de los primeros recuerdos de mi niñez es el observar a mi abuelo mientras escribía a mi familia cubana , casi vuelvo a sentir el asombro de verle hacer algo que para mí era todavía un rito misterioso e indescifrable ... esas mayúsculas floridas y un tanto enrevesadas de mi abuelo -ay abuelo , te fuiste tan pronto y me faltaste tanto- podría , a pesar de los años , reconocerlas entre un millón , como he intentado reconocer o al menos volver a ver en otros ojos el amor y el orgullo que se veía en los tuyos aquellas tardes de invierno en que una niña aplicada- cada vez más letras , cada vez más dueña del mundo y de su historia - aprendía el alfabeto griego con la lengua entre los dientes y la cabeza inclinada . ¿Recuerdas ?

- La primera palabra que quiero que escribas , María , es "democracia "

Y yo escribí democracia y fui la primera niña que aprende griego y no escribe antes que nada su nombre , porque para un niño , su nombre es todo. Un niño es su nombre , y se niega a creer que se llama igual que su padre, o que su madre o, mucho menos, que lo comparte con un desconocido. Su nombre no sólo es suyo y lo distingue del resto del mundo, su nombre es él . Antes de nacer ya tiene un nombre .Un nombre será lo primero que reconozca al escuchar , al leer .Su nombre será , casi con toda seguridad, lo primero que aprenda a escribir. Y me contaste algo que nunca olvidé , que la democracia resuelve todas las encrucijadas de la vida . Sólo hay que hacerse tres preguntas y dejar que decida la mayoría . No lo he olvidado , abuelo , eran ¿quieres ?¿puedes ? ¿debes ? ... qué filosofía de vida tan sencilla , tan profunda , tan tuya . Y aprendí esa palabra nueva y fui un poco más dueña del mundo , de la civilización , del pasado y de mí . Tenía prisa por aprenderlas , por aprender eso , por aprender todo ... supongo que sería para compensar el retraso , para evitar que volvieran a reírse de mí . Tú me decías que era lista y no importaba y yo sonreía pero ¿sabes , abuelo? sólo me hacía la valiente . Era una tortura ir al cole con las manos vendadas y resignarme a ver como todos sacaban aquellos preciosos cuadernos Rubio con sus tapas verdes y ásperas y sus números ( tan importantes los números ya , apenas sin saber nada de su valor) y sus palitos y sus espirales mientras yo , sin resignarme y al borde del llanto , leía en silencio .Leía , leía y leía sin parar , memorizaba cada palito , cada espiral , cada letra y los dibujaba en mi mente , los ojos volando sobre las letras que para todas eran obstáculos casi insalvables .Y mientras, mis manos vendadas apoyadas sobre aquella falda a cuadros príncipe de Gales blancos y negros , esa que hacía a todas sentirse importantes y yo me ponía como una camisa de fuerza. Y los ojos volando , y las manos atadas , y yo presa.

- Digan lo que digan el médico , la seño y tu madre , María , este verano te enseño a escribir .

¡Cómo dolía , abuelo ! y qué poco me importaba , qué fácil me resultaba llevar los pájaros que habían volado en mis ojos a los dedos entumecidos y deformados y que ellos dibujaran los palitos , las espirales , las letras , mi nombre , el tuyo . Era fácil escribir tu nombre , la ce mayúscula fue enseguida mi preferida , y no tenía ninguna zeta , ni ninguna efe ...siguen sin gustarme las efes y ¿sabes otra cosa ? a mi hijo , a tu bisnieto , tampoco le gustan . Tú sí le habrías gustado , le habrías gustado mucho , y te pondría su brazo de hombre sobre tu hombro sabio y tranquilo y te diría " no hagas caso a mi madre , que ya está con sus cosas , si no le gustan las efes ¿para qué me puso Fran ? " -ay abuelo , te fuiste tan pronto y me faltas tanto - . Y el verano pasó , y el colegio volvió , y yo ya no estaba presa de una falda príncipe de Gales a cuadros negros y blancos , y podía volar con los ojos y con las manos , y me castigaban por no coger bien el lápiz -las cicatrices dolían tanto...-y volaba por las historias que me contabas , como un globo de helio sin niño y sin hilo. Alto , alto ,alto...

- No llores por ese globo , María , ¿no ves que si sigue volando es porque se divierte ? mi niña no querrá ser egoísta y fastidiarle la diversión a ese globo tan bonito ¿a que no? Y yo dejé volar los globos de mis hermanas y ellas lloraron , eran pequeñas, no sabían escribir, no entendían nada .

Así que hoy, al ver aquella letra redondita , titubeante , llena de sacrificio, de esfuerzo y de dolor de mis primeros años , no me veo apenas yo , te veo a ti con tus historias y tu paciencia y tu amor enorme y tus manos que siempre olían a jabón y a limpio , y esas letras que han ido estilizándose y cambiando poco a poco unas veces sin querer , otras de un modo voluntario ( como esa q minúscula tan preciosa que copié de mi madre , o la ere de aquél compañero de instituto tan guapo , o el punto de la i que convertí en la facultad en un círculo igual al de mi amiga Gloria - qué será de Gloria , que fue de nuestra amistad - ) han ido haciéndose tan mías como la historia de la que ya soy parte , esa historia del mundo ,del pasado , de la civilización , de la vida ; y entre unas y otras hay apenas un leve rasgo familiar que me hace preguntarme si aquélla que supongo que fui y ésta que creo que soy hay algún parecido que no sea el recuerdo de unos ojos llenos de amor y el de unas manos fuertes que hacían aparecer como un milagro ante mis ojos esas letras floridas y algo enrevesadas que cruzaban un océano cuyo nombre yo no sabía escribir aún -y para un niño las cosas son su nombre , lo demás es misterio - y que llevaban los besos limpios y algo asombrados de esa nieta que tú tanto querías y que él jamás llegó a conocer y que hoy - ay , abuelo , te fuiste tan pronto , me faltarás tanto - ve y muestra el mundo con las letras -esos moldes en los que vaciamos lo poco o lo mucho que llegamos a comprender de la vida , la civilización, el mundo, la palabra y su memoria - que tú (a pesar del médico , de la seño y de tu hija , su madre - mi madre- ) le enseñaste .

 


Lumumba: El Exodo

Publicado el 7 de Marzo, 2006, 10:48. en Relatos variados.
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Tal vez fuese por sus anhelos de conocer otras tierras, tal vez  por los sueños de adolescentes, o simplemente porque era obligado a dejar esas tierras por patas.

 

El hecho de que tuviese que salir a muy temprana  hora de la mañana, con los cuatro trapos (3 de ellos en el atillo) y una lanza, fue el inicio de una nueva etapa de su vida, la adolescencia quedaba atrás, en ese poblado… Ahora ya era un hombre (bueno, un desastre de hombre) Nadie de su poblado sabía qué existía más allá del paraje Suruya, límite de seguridad marcado por esa tribu, más allá de ese perímetro la aventura era segura.

 

El sol despuntaba cuando Lumumba  traspasaba el límite de Suruya, es decir, comenzaba LA AVENTURA, lo primero que se encontró fue un "charco" excesivamente grande que había que cruzar,  y un barrizal con unos "troncos" que se movían torpemente hacia él… Intuyendo que aquellos "troncos" no le simpatizaban mucho (la comida vegetariana no había sido nunca su fuerte), inició el vadeo del río. Curiosamente esos troncos cuando entraban en el agua se volvían mucho más rápidos y amenazantes. Rápidamente también averiguó que no había sido buena idea cruzar a esas horas por ahí, su miedo fue creciendo, y un exceso de adrenalina se apoderó de él, dando muchas más brazadas de las que él creía posible, atravesando el "charco" rápidamente, los "troncos" se enredaron en una pelea por un desayuno inexistente, siendo uno de ellos el desayuno.

 

Más tarde descubrió que el nombre real de esos "troncos" tan poco recomendables era Cocodrilos.

 

Su cuerpo atlético comenzaba a resentirse de las aventuras al estilo "Mortadelo y Filemón". Su sed comenzaba a ser la del desierto del Gobi. Definitivamente, toda aquella situación había que solucionarla.  Al llegar a un claro, vio un monstruo que corría mucho y hacía un ruido infernal (para nosotros un todo terreno) y unos seres muy parecidos a él pero que parecían enfermos por el color tan pálido que tenían. Con una vestimenta un poco payasa. Nada propio para caminar por una sabana. Acechando y vigilando sus movimientos, en un descuido, asaltó su despensa y cogió lo que le pareció conveniente, junto con una botella rara que ponía  J-h-o-n-y   W-a-l-k-e-r. Inmediatamente se fue bajo un árbol y allí devoró la carne… Era extraña, sabía a plástico y su nombre era M-c-D-o-n-a-l-d-s. Para dejar buen sabor de boca, bebió ese "agua" tan extraña, apenas de un trago. Sudores y euforia se hicieron fuertes en su cuerpo, comenzó a saltar sin sentido, a dar tumbos y marearse (era un Lumumba en estado incontrolado, bueno, aún más incontrolado). Salió a la pista de monstruos de acero (carreteras para nosotros) y allí tras una exhibición ridícula de guerrero machito, un jeep se lo llevó por delante.

 

Su entrada a la ciudad fue inconsciente, como toda su vida  y por la puerta de urgencias de un centro hospitalario (la vida de Lumumba siempre ha tenido cierta urgencia… hacia el caos).

 

En los primeros estadios de su inconsciencia Lumumba soñó. Otro accidentado en su caso no hubiera sentido nada; se supone que el estado de inconsciencia es, por decirlo sencillamente,  como cuando se funde un fusible pero Lumumba tenía que soñar. Y claro está soñó con lo que él conocía bien, la sabana. Cientos de leones y leonas paseaban amigablemente con él mientras mantenían animadas charlas sobre el sentido de la vida y el fin único de la existencia. No es que los leones no mantuvieran estas profundas charlas, pero nunca se ha sabido que compartieran esos pensamientos con humano viviente. Los leones de la sabana es lo que tienen, una fama de filósofos que para que vamos a contar.  Pero no os extrañéis, Lumumba en algún recóndito lugar de su cerebro tenía algo parecido a la inteligencia, incluso si alguien especializado hubiera cogido al chico cuando aún era pequeño hubiera logrado hacerlo parecer hasta listo.

 

Pero volvamos a los delirios oníricos de Lumumba; dentro de lo variopinto que resultaba la población de la sabana, Lumumba siempre había sentido un especial aprecio por las hienas, no porque estos carroñeros tuvieran dos penes como pudiera creer cualquier mal pensador, más bien porque siempre estaban riendo. Ya podías estar dándoles palos que los bichos no paraban de reír y esa sin par alegría y ese positivismo a la hora de enfrentar la vida llenaban a Lumumba de un sentimiento que podríamos reflejar aquí como un no rendirse a la adversidad. Ya sabemos, ustedes y yo, que las hienas no se ríen que su fingida alegría no es más que un rictus genético. Pero que quiere que les diga, nunca nadie se atrevió a quitar tan pequeña ilusión a nuestro protagonista.

 

Y entre jeringazo de Novocaína y de morfina, es que eran pelín bestias los médicos de las urbes africanas, Lumumba no terminaba de salir de su estado letárgico. Ya podían darle de leches que no había manera y sólo cuando una de las enfermeras, un poco rarita ella, acunó las narices de Lumumba entre sus turgentes senos pareció Lumumba que daba unos débiles atisbos de consciencia. Sobre todo porque aunque el paciente no terminaba de despertar tuvo que intervenir medio servicio de seguridad del hospital para conseguir arrancar las manos de Lumumba de los maternales pechos. Todo  cosa del trauma infantil al perder a su madre a tan temprana edad y no haber tenido un destete adecuado.