
Reciclaje
Cuando aquel angelote que disparaba flechas con
corazones, decidió que su día debía ser el día en el que reinara la paz el amor
y la austeridad, sintió como, de repente, el triángulo verde lo absorbía por el
lado vertical, al tiempo que, gracias a extraños procesos producidos en su
interior, otro angelote salía por el vértice opuesto...
- Es que no hay año que no haya
que reciclarlo -, comentaba el manipulador de la manivela mientras tanto.
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