|
Antonio estaba especialmente contento ese día, era su
decimoquinto cumpleaños, y como regalo especial de cumpleaños su padre le había
llevado de excursión a la montaña, y acababa de subir su primera montaña de más
de 3.000 metros
de altitud, y se disponían a acometer la ascensión de otra más antes de que se
hiciera demasiado tarde; para ello, comenzaron a bajar por una canal con
bastante nieve, aunque dadas las fechas (mediados de Julio), ya se había desecho
bastante, y entonces, Antonio que iba delante, de repente se paró, y recogiendo
algo del suelo, grito: “Mira papá, otro regalo de cumpleaños, acabo de
encontrarme un piolet prácticamente nuevo que debe haber perdido alguien”, y
continuaron el descenso con precaución, tranquilamente.
Un poco más abajo Antonio se volvió a
encontrar con otro regalo de cumpleaños; esta vez fueron un par de botas casi
nuevas, y para mayor casualidad eran de su mismo número. Antonio no podía dar
crédito a lo que le estaba sucediendo, y estaba loco de contento, hasta que su
padre, acercándose y poniéndole la mano sobre el hombro le dijo:”Antonio, creo
que tenemos un pequeño problema, esas botas deben ser de la misma persona que
perdió el piolet allí arriba.” “Bueno sí, seguro, pero eso no importa”,
contesto Antonio a su padre. “Ya,”contesto su padre, “no importaría tanto, si
no fuera porque tiene las botas puestas".
|